Asha. Quién este libre de pecado…

Una hora antes de morir, una niña consigue la gracia de realizar una llamada de teléfono.
Una hora antes de morir la niña Asha logra, por fin y al fin, hablar con su padre.
lapidacion-piedras“Papá, soy tu hija, me van a matar, por favor, diles que me perdonen”.
Papá, a estas alturas de la película, no puede albergar muchas dudas, aún así pregunta a su hija quién la va a matar y por qué.
Pero la pequeña Asha tiene a su lado a un hombre que no la permite revelar las razones.
Papá quiere hablar con el hombre, un hombre que no tiene el valor de revelar su nombre ni sus razones; un hombre que solo se regocija en escupir a un padre la sentencia de muerte de su hija.
“Tu hija va a ser lapidada en una hora’.
Una niña llora su desgracia y un padre cae al suelo desmayado, en shock.
Así es Somalia, cuerno de África, habitada por hombres de alma retorcida y sucia, rabos de cerdo disfrazados de señores de la guerra, con hábitos de islamitas radicales.
Así es Somalia, ingobernada, caótica; abandonada al azote de tribus, clanes, ejércitos, milicias.
Todos armados, todos buscando prevalecer sobre las otras etnias en un camino que cada día acumula nuevas víctimas.
En definitiva terroristas.
En ese país vivía la pequeña Asha, en ese país que convierte la vida en huida constante cuando se pertenece una minoría étnica.
Iba a la escuela, visitaba regularmente a su abuela, lidiaba con sus problemas de epilepsia; es la vida con las niñas dulces y humildes en Somalia, una huida bajo la violencia.
Y ahí caminaba la niña Asha por esos mundos crueles, Kismayo es lugar de paso para ella y lugar de residencia para tres trozos de mierda, para tres cobardes que tuvieron a bien acercarse a una niña que camina sola, obligarla a acompañarlos a la playa, y allí violarla.
Es lo que hacen los cobardes arropados por los clanes poderosos en Somalia, violan niñas; les encanta violar niñas a esos tipos.
Lo hacen con la normalidad de su muy respetable cultura, de sus muy respetables hábitos sociales.
Lo hacen, porque en Somalia las familias traen niñas al mundo para que cuatro hijos de perra las violen.
Así es Somalia porque sus leyes islámicas se lo permiten, se lo premian con impunidad y les ayudan a ocultar la ignominia con sentencias que culpan del delito a la propia víctima.
Así es Somalia, violencia, caos, muerte e Islám.
De poco sirve el consejo paterno, cuando se deja viajar sola a una niña de catorce años por semejante infierno sola; aún con esto, la niña siguió las indicaciones de papá y acudió a los tribunales a denunciar a sus violadores.
Vistas y entrevistas y en una de estas citas, los familiares de sus violadores la proponen un acuerdo para que retire la denuncia a cambio de una compensación en dinero y joyas.
Ella accedió, quizá el consejo paterno mudó con el tintineo del vil metal, quizá fue por sí misma pensando que con ese dinero podría llegar a Mogadiscio para reunirse con su familia al fin.
La cuestión es que aceptó.
Lo que ella en su inocencia no podía alcanzar a imaginar es que aquellos familiares, cerdos hijos de cerdos; puercos hermanos de puercos; puercos y puercas revolcados, mientras convencían a una niña de retirar una denuncia, por la puerta de atrás la estaban acusando ante el Tribunal Islámico por extorsión.
Y esa acusación contra una mujer, ya sea niña, adolescente o adulta en Somalia y sola, sin un familiar armado y bien armado en la zona que defienda su inocencia, solo tiene un final, una niña con una capucha en la cabeza esperando una muerte brutal y dolorosa.
Así es Somalia, violencia; caos; muerte; Islám y espectáculo, puro espectáculo.
Y es que los radicales musulmanes cuando organizan un evento cultural, no reparan en gastos.
Estadio de fútbol de Kimbayo, más de un millar de personas se acercan a ver el espectáculo, de todos es sabido que la feligresía que pulula por esas latitudes gustan mucho de esos happenings.
50 fieles musulmanes apedrearán hasta la muerte a una niña previamente violada por tres hijos de puta ricos.
Y así ocurrió, no faltó nada, la niña muerta; los 50 fieles; el camión lleno de piedras para arrojar…
Incluso dispusieron un servicio sanitario para verificar el fallecimiento de la niña.
Tres veces la desenterraron para comprobar su estado, las dos primeras vieron que estaba aún viva y la volvieron a enterrar para recibir algunas piedras más; ya la última vez que la sacaron del martirio, no hizo falta volver a ponerla.
Quizá la forma de contarlo no sea la más piadosa, pero es una forma de contarlo, hay que contarlo.
Hay que contarlo, porque con estos episodios de humana barbarie emergen verdades que no nos gusta afrontar, verdades que nos incomodan porque mueven en nuestro interior hilos de razonamiento que consideramos delicados, incómodos, dolorosos o simplemente poco progres.
La progresía con la que en muchas ocasiones sintonizo, me dicen que hay que respetar las culturas; puedo estar de acuerdo en ocasiones, pero no en todas las ocasiones.
Me incomoda que no me digan que hago con estas culturas si leo estas cosas y mi corazón y mi mente en total armonía me dicen que me cago en la expresión cultural de gentes como esas.
Puede ser que yo sea una mala persona, un racista por dejarme llevar por la rabia, por pensar que ese país necesita una limpieza de norte a sur y de este a oeste, un barrido de puercos para poder poblarlo de seres humanos.
Aunque sinceramente creo que no, porque no quiero una Somalia Aria, tampoco quiero un estado tutorial de intereses occidentales; yo quiero una Somalia sin Mahoma, sin Alá; pero tmbién sin Europa ni Estados Unidos.
Quizá la idea sea que me inclino por exterminar a esos canallas y repoblar Somalia de Ashas, de niñas inocentes que van a la escuela y que visitan regularmente a sus abuelas.
Aunque eso lo dice mi mala leche y mis elevados índices de indignación a lo que sin duda ha contribuído la lectura afortunada de “Un burka por amor” de Reyes Monforte”.
Sería cosa de ver si esos grupos de peso institucional que dicen defender a las mujeres, los derechos de las mujeres etc… tendrían a bien solicitar a los muy humanitarios gobiernos de sus muy progresistas países declarar a las mujeres y niñas que tengan de nacionalidad un país que contemple la dilapidación o la ablación entre sus leyes o expresiones culturales como refugiadas.
Que esas mujeres machacadas por esos cerdos con los que comparten fe y hábitat puedan optar a protección y acogida en estas sociedades progres nuestras.
Aunque claro, eso lo digo porque soy un odioso racista.

elsopazax

Escritor autor de la novela SIN PULSO y bloguero a tiempo muy parcial. Emigrado a Brasil pero vigilando de cerca a mi buena gente.
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