Dos cañas y una ración de democracia, por favor

Democracia es el sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes.

En España, tras la muerte del dictador se estableció la llamada democracia representativa: “La Democracia Representativa es la que se proclama en nuestros días y supone que los ciudadanos delegan las funciones de gobierno en personas elegidas por ellos mismos”. Es decir, nuestra democracia se basa en la introducción de una papeleta en una urna, en principio cada cuatro años (aunque sabemos que puede ser cada menos) y una vez que se cuenten los votos, echarnos a dormir la siesta y dejar que nuestros representantes hagan aquello que estimen conveniente. Nosotros, pueblo llano, a partir de ese momento no tenemos ni voz ni voto en las decisiones que tomen los tres poderes en los que se supone, está dividido nuestro sistema político.  Personalmente me parece una democracia que se nos queda corta. Porque el ciudadano pierde el control de sus gobernantes. Les damos nuestro voto que incluye un cheque en blanco para gobernar y durante el tiempo que dure la legislatura, pues a tragar. Si algo no nos gusta o no creemos que vaya en beneficio nuestro, pues podemos elevar una Iniciativa Popular al Congreso para que se estudie y pueda llegar a convertirse en una ley o modificar alguna ya existente. Cumpliéndose los plazos, las firmas y los procedimientos, a día de hoy, se han presentado 94 IP al Congreso y solo dos de ellas se convirtieron en ley. La mayoría de ellas, no llegaron ni a ser tramitadas o estudiadas por los diputados. Como se verá es un instrumento muy efectivo y que legislativamente tiene mucho peso. En otras palabras, los ciudadanos en nuestra democracia pintamos menos que la Tomasa en los títeres (dicho que utilizaba mucho mi madre para decirnos que algo no era importante y que no se iba a tener en cuenta).

Echar la vista atrás es bueno a veces, como dice la canción, pero en nuestro caso es comprender que el modelo de democracia que se impuso, no es, ni con mucho la que España, tras cuarenta largos años de dictadura, se merecía. Los padres de la actual Constitución, no tomaron como ejemplo la inmediatamente anterior, la de 1931, sino que intentaron hacer un remix con todas las ideas de democracia que algunos de ellos, como Manuel Fraga, se sacaron de la chistera de mago, ya que después de haber pasado por varios ministerios franquistas, le dieron por arte de bolilis bolilis toda una ristra de pensamientos democráticos.

Sin embargo, con lo que ellos no contaban, y que la historia está demostrando que es lo más efectivo, es que los españoles (no en su mayoría) son bastante derechones. Los pensamientos dictatoriales calaron profundamente en la sociedad y hoy después de 42 años de “democracia” estamos dejando a nuestros gobernantes que se comporten como dictadores.

Vivimos en una “democracia tiranizada”. Muchos pensaran que esta expresión no existe y tienen toda la razón del mundo, no existe con significado lingüístico, pero si tiene un significado político. El sistema gubernamental que tenemos en nuestro país, tiene mecanismos que convierten a los partidos políticos en dueños del cotarro. Eligen no solo al poder ejecutivo sino que controlan y en muchos casos dominan al poder judicial e intentan dominar al legislativo. Por ejemplo, los miembros del Tribunal Constitucional son elegidos por los partidos políticos en proporción a los escaños que estos tienen en el Congreso. A día de hoy, este Tribunal posee una mayoría de magistrados de corte conservador. De esta forma, el PP como partido y como gobierno, ejerce una influencia que muchas veces es nefasta sobre el tribunal que determina si algo se ajusta o no se ajusta a la gran norma de las normas. Pero rizando el rizo del descaro, nuestro gobierno está yendo un paso más allá y está intentando convertir al Tribunal Constitucional en un arma de control legislativo. ¿Para qué? Pues sencillamente para que el Congreso no tenga oportunidad de legislar en contra de lo que ellos quieren. Consiguiendo esto, parte de las leyes ya aprobadas y que se pretenden reformar o anular, por el actual Congreso de los Diputados, quedarían sin posibilidad de reforma o de anulación. Es decir, el PP tendría sujetas sus leyes por mucho que los diputados de otros partidos se opusieran. Actualmente, la tramitación de leyes que puedan alterar los Presupuestos General del Estados, están siendo vetadas por el partido del gobierno. Todo muy democrático. Es mejor vetar que modificar los presupuestos y hacerlos más ajustados a las necesidades civiles.

Nuestra democracia, tiene otro arma de tiranía democrática. El real decreto ley. Todos fuimos testigos del abuso ilimitado que el anterior gobierno del PP hizo de este supuesto. Defender que una ley, se tramite y se apruebe sin pasar por el filtro del Congreso, en una democracia representativa supone que los ciudadanos no podemos hacer nada para frenarlo ya que nuestros representantes, no pueden. Y cuando el Congreso se configura con la mayoría absoluta de un partido, ocurren estas cosas. Pues esto también es “democrático”.

Donde quiero llegar es que aprovechando todos los vericuetos legales que la Constitución permite, los españoles estamos literalmente en manos de un partido. De ahí la expresión democracia tiranizada. El PP tiene en su mano la posibilidad de vetar muchas de las decisiones que tome el Congreso porque domina el Congreso. No porque tenga o no mayoría absoluta sino porque recibe, actualmente, el apoyo de otros partidos del mismo tinte conservador o que disfrazan su conservadurismo con un traje de socialismo.

Estamos siendo testigos de la destrucción paulatina de los derechos ciudadanos. La justicia, dominada por el poder del partido, es cada día más injusta. Los presupuestos, dominados por el partido, merman y engordan de forma partidista y beneficiando solo a unos pocos. Todo lo relativo a la vida de las personas pasa por el filtro de un partido. Y si como en nuestro caso, el partido es conservador, liberal y retrógrado, amante de épocas de dominio y tiranía, dado nuestro sistema de gobierno, no podemos hacer mucho.

La sociedad se está degradando. Sería impensable que en otros países incluso con gobiernos de derechas ocurrieran las atrocidades que pasan aquí. Nuestros políticos con sus gestiones han desatado todo ese sentimiento dictatorial que quedaba como un poso en el interior de muchos españoles, que aplauden tener las manos cada día un poco más atadas. Y lo que deberíamos pensar, no es solo en votar a otros partidos, sino en exigir un cambio radical en nuestra democracia. No olvidemos que en la actualidad hay casi 300 leyes vigentes, que  fueron creadas y aprobadas por un gobierno dictatorial. Que se mantengan solo demuestra que gran parte de los diputadas y diputados actuales ni tan siquiera saben que eso ocurre o no les importa. Seguramente porque estén a favor de mantenerlas. Me río yo de los veinte años de gobierno del PSOE, que ha obviado este detalle deliberadamente.

Es nuestra obligación controlar al gobierno y con él al partido que lo ostente. No podemos seguir pensando que esto es una democracia, cuando nuestra voz es acallada a golpes de leyes, redactadas literalmente para que nos mantengamos callados, con la cabeza gacha y sin rechistar. Mientras nuestra democracia sea tal y como es ahora, no tendremos el derecho a decir que vivimos en un país democrático porque estaríamos mintiendo.

 

 

belentejuelas

Me gusta ser diferente. Feminista, atea, de izquierdas. Baloncesto. Autora de "El Espejo"
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