El cisma

 

 

Todos sabemos lo que es un cisma. En resumidas cuentas, no es más que un grupo de personas que declarándose en contra de las ideologías de un grupo determinado, provoca su fragmentación y se separan, a veces con ideales nuevos y a veces llevándose los viejos para quedárselos, porque el grupo está tomando un nuevo rumbo y ellos no están de acuerdo. Eso es más o menos lo que le está pasando al PSOE, que está sumido en un cisma. Ahora, ¿quién o quiénes están provocando la ruptura? Textualmente: “Si Sánchez forma gobierno con Podemos y los independentistas me voy del partido”. Ahí lo dejo.Headquarters of the Spanish Socialist Workers' Party (PSOE), at 70 Calle de Ferraz (street) in Madrid.

El cisma es tan grande que está provocando unas grietas en su estructura que le pueden conducir al desplome del edificio que han ido construyendo desde que Felipe y compañía se instalasen como líderes indiscutibles del partido en el Congreso de Suresnes (claro que este Congreso ha dado y dará para muchos artículos, pero para abreviar era cuando defendían su marxismo y llamarlos socialdemócratas era peor que mentarles a la madre).

La posición política y los derroteros que están tomando algunos barones (recordemos que la palabra no hace referencia a su condición genética sino al título nobiliario, algo muy poco socialista) como Fernández Vara, Rodríguez Ibarra o la Sultana del Sur, Susana Díaz, con respecto a la permisividad de dejar gobernar al PP o por el contrario buscar posible pactos con UP y partidos situados a su izquierda,  están conduciendo al partido a una situación bastante desagradable. La ciudadanía y sobre todo sus votantes observan como vuelan las navajas y como Pedro Sánchez se está convirtiendo en todo un experto en esquivar golpes. El problema no es solo que su secretario general pueda estar perdiendo poquito a poquito toda la credibilidad de su NO ES NO, sino que además, básicamente, están haciendo el ridículo. Estos barones han llegado a defender la postura política de algunos miembros del PP implicados en delitos de corrupción como Rita Barbera o han admitido públicamente que con 85 diputados no se puede gobernar.
En política, como en todas las cosas de la vida, habría que respetar las decisiones de todos. La decisión de los españoles que votamos, fue mayoritariamente, votar a otros partidos que no fuesen el PP. Es verdad que como partido unitario, son los que más votos reciben, pero eso no les da el derecho inalienable de gobernar, ya que solo entre PSOE y UP suman más de diez millones de votantes. Si seguimos sumando a C’s o los miembros del Grupo Mixto, los números se disparan con respecto al partido conservador.

Pero ¿por qué esa necesidad tan imperiosa de pedir la abstención o el apoyo al PP y permitir cuatro años más de estrangulamiento social? Mi razonamiento es básico y primario. Los barones socialistas saben que políticamente hablando sus acciones políticas y las de las carroñeras gaviotas, son prácticamente iguales, al menos hasta ahora. Las políticas que los sucesivos gobiernos socialistas tanto a nivel nacional como autonómico han dejado mucho y continúan dejando mucho que desear si los medimos con el rasero de la izquierda. Y no digamos ya la vida que llevan algunos que han gobernado bajo las siglas del puño y la rosa. Por ejemplo, Rodríguez Ibarra que esta semana ha saltado a la palestra de forma ignominiosa para soltar exabruptos, si no me equivoco sigue cobrando su buen salario como ex presidente de la Comunidad extremeña. Es decir, sigue viviendo de un dinero público.

Todos sabemos que el PSOE con su política económica abrió el melón del neoliberalismo en este país. Aznar y después Rajoy han ido caminando por el camino de baldosas amarillas que le habían dejado trazado los gobernantes socialistas. Iniciaron los procesos de privatización de empresas públicas, aumentaron los privilegios de los políticos y se vieron salpicados por bochornosos escándalos de corrupción y de terrorismo de estado. Unieron sus manos a los conservadores para modificar nuestra vida, poniendo el pago de la deuda pública por encima de las necesidades de la gente y apoyaron hasta el último momento el robo a mano armada que supone el TTIP, por poner algunos ejemplos. No olvidemos sus puertas giratorias, en la que lleva años dando vueltas el líder indiscutible o los miles de años que Alfonso Guerra lleva cobrando como diputado cuando solo hace sombra al sol.

En la actualidad gobiernos como el andaluz continúan destruyendo la sanidad pública con el apoyo de los naranjitos. Hablan mal de los partidos que han recogido a los votantes que les encumbraron, insultan a una parte de la ciudadanía que está más que dispuesta a iniciar conversaciones de política territorial y si hace falta se hacen cruces en las televisiones privadas pagadas por el clero cuando han de defender su postura de socialistas de tres al cuarto. Han convertido a Felipe González en el ídolo que quiso ser pero que demostró que no era. Veneran sus palabras y las airean a los cuatro vientos como si de dogmas de fe se tratasen y no se dan cuenta que al igual que lo veo yo, el resto de españoles también lo ve.

Pedro Sánchez esta cogido por donde duele. No se atreve a hablar por si alguno de ellos le salta al cuello y le muerde. Sabe que existe una posibilidad de gobernar, pero el primer escollo que tiene que superar esta en casa metiendo los dedos en la herida día sí y día también. Sus votantes deben estar hasta el moño de oír como se pegan los unos contra los otros en vez de estar considerando seriamente ser una alternativa al PP.

Si este logra gobernar porque el PSOE de los dinosaurios y las antiguallas, de los que llevan toda una vida chupando de la teta del dinero público, de toda es banda de fachosos encubiertos, logra vencer en este duelo y consigue una abstención de los 85 diputados que hoy están el congreso, el PSOE estará condenado a morir. No habrá sido capaz de quitarse la capa de caspa ochentera de encima y ese peso le ira enterrando hasta que sea imposible dar un paso.

¿Será capaz Pedro Sánchez; elegido en primarias, esa forma democrática que tanto escandaliza a algún que otro barón; de saltarse a la torera el listón de declaraciones que cada día alguno de ellos vierte en su contra? ¿Podrá sostener su posición para evitar dentro de sus posibilidades que el Partido Popular, sus corruptos, sus robos, su nefasta política social y económica, vuelva a gobernar? ¿Es posible que los barones cierren la puta boca de una vez y jueguen con sus nietos y dejen que Pedro, Pablo, Alberto, Joan y demás lleguen a un acuerdo que saque a este país del agujero que ellos cavaron y que el PP socavó todavía más? Me gustaría, claro que me gustaría. Ahora que sea posible ya no depende de nosotros. Depende de ellos y de nadie más.

Las sucesivas elecciones, solo están gritando desde lo más profundo de nuestras gargantas que el bipartidismo a muerto. Que ya no cabe en la cabeza de muchos españoles la alternancia de gobierno. Somos muchos los que hemos elegido opciones políticas distintas que deben confluir para evitar que los grandes partidos sigan haciendo de su capa un sayo, gobernando apoyándose en las grandes fortunas, los bancos y en una justicia tan politizada que sonroja.

Señores barones: si quieren seguir diciendo que son ustedes socialistas, háganlo en su vida privada, con sus familias y amigos que todavía los creen. Pero callen en la televisión, en la prensa o en la radio. Ocúpense de sus asuntos y vivan lo mejor posible que para eso se las apañaron y se prepararon una vejez cómoda y solvente. Dejen a esas nuevas generaciones que llegan, trabajar en paz. No nos avergüencen más, incluso a los que jamás les creímos, que ya lo han hecho bastante. Además que lo suyo, ya no se lo va a quitar nadie. Ni el PP siquiera. Poco parece importarles que a nosotros sí nos lo quite.

belentejuelas

Me gusta ser diferente. Feminista, atea, de izquierdas. Baloncesto. Autora de "El Espejo"
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