La carroña

No voy a volver a condenar el terrorismo. Me niego a tener que justificar una y otra vez de cara a no sé quién, el terrible dolor que me produce, ver a personas inocentes caer víctimas de la barbarie y sufrir las consecuencias de unas guerras ideológicas religiosas o económicas originadas por individuos muy poderosos, bien protegidos del alcance de las bombas. Ya lo he dejado claro, y como no necesito los votos de nadie, no voy a repetirlo cada dos por tres.

Si escribo esto, es para hacer otro tipo de condena, por supuesto menos dolorosa, pero pienso que también merece una denuncia.

Me resulta absolutamente repugnante, observar como ciertos periodistas instrumentalizan sin ningún tipo de pudor cada atentado terrorista para criminalizar a partidos de ideologías a las que no son afines o simplemente para vender periódicos.

En las últimas horas, Pedro J. Ramírez, tristemente conocido por su miserable utilización del drama del 11M y Eduardo Inda, el esperpento hecho periodista, por citar sólo dos ejemplos, nos han mostrado una vez más su inmoralidad sin límites con twits declaraciones y artículos tendenciosos, más dirigidos a rentabilizar el atentado que a solidarizarse con el dolor de las víctimas. El periodismo de trinchera, el que usa la información como arma política al servicio de ciertos intereses es deleznable y denigra a quien lo practica, al resto de la profesión y a los programas que les dan cobertura.

Cada vez que ocurre una tragedia de estas dimensiones, los carroñeros del terrorismo informativo se frotan las manos, ya tienen munición para varias semanas. Cada cadáver representa una oportunidad para arañar unos votos en favor del establishment y atacar al que consideran enemigo, aún a costa de difamar y de mentir. La pauta siempre es la misma, tervigersar y ocultar información, sacar una frase de contexto y lanzar falsedades a sabiendas de que lo son.

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Para ello han montado todo un teatrillo siniestro, que trata de difundir el miedo y el odio a base de infundios, de insinuaciones venenosas y de falacias evidentes, con el objetivo de destruir a quienes pretenden levantar las alfombras y desvelar las más ocultas vergüenzas de este sistema podrido. La finalidad, es seguir manipulando y engañando a la gente para conseguir sus indignos fines.

La perversidad moral de la mayor parte de los periodistas españoles a estas alturas me trae completamente sin cuidado, con no leerlos me basta y la vileza de los políticos del PP en cuanto a estos dramas es bien conocida por todos, ya sabemos como sacan a pasear a los asesinados por el terrorismo cada vez que necesitan recabar votos.

Lo que de verdad me preocupa es el nivel de depravación ética de algunos de los que se auto denominan ¨nuevos¨ políticos. Que Albert Rivera siga el mismo patrón de mezquindad que Cospedal, Margallo, Aguirre o Fernández Díaz me inquieta enormemente, que utilice el juego sucio, los infundios y la difamación mientras se proclama adalid de la honestidad y la nueva política, demuestra un grado de miseria y carroñería sólo comparable al de Rajoy cuando acusó a Zapatero de traicionar a los muertos.

Dándole la vuelta a uno de sus repugnantes twits de estos días yo le haría a Rivera una pregunta. ¿ Puede pretender llegar a gobernar España alguien que no tiene reparos en utilizar a las víctimas del terror como arma política? Evidentemente si, ahí tenemos a Rajoy que lo hizo durante todo el tiempo que estuvo en la oposición, pero para este viaje no hacían falta tantas alforjas, el IBEX se podría haber ahorrado la inversión.

Quizá lo que voy a decir sea un disparate, pero a veces, sólo a veces, aunque sea por un momento, se me pasa por la cabeza que no todos lamentamos de corazón el que ocurran estas barbaries.

Aunque sea por respeto a los muertos, paren ya, tengan ustedes un poco de vergüenza.

protestona1

Revolución no significa violencia, significa movilización de conciencias.
1 Comment
  1. Protestona:
    Excelente tu artículo sobre la miseria moral de los buitres del periodismo.
    Desde la otra orilla del Atlántico, en Miami, Florida, me solidarizo con tu opinión. Aquí también tenemos carroñeros que aprovechan la menor oportunidad para dejar caer su veneno sobre grupos étnicos, nacionales y religiosos. Son artífices de la mentira, expertos en la difamación. Y todo, como en el viejo western de Sergio Leone, por un puñado de dólares.
    Saludos.

    25 Marzo, 2016 at 2:34 am - Reply

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