La colmena

En un país mayormente poblado por beatos (a diferencia del creyente, más propio de Latinoamérica y tal y tal, como, por ejemplo: Oriente Medio), mediocres, estafadores, funcionarios, alimañas, hipócritas, calzonazos, machos, hembras, políticos descarriados, criaturas iracundas, golfas de postín, paseantes en cortes, chulos de duquesas, zorrupias de punta en blanco, banqueros pervertidos, viciosos, necios, arpías, molondros, ovejos, mamelucos, zanguangos, enchufados, chupatintas, abrazafarolas, tumbaollas, zamacucos, inútiles sensu stricto, energúmenos, maleducados, impuntuales, en fin, gente aparentemente normal; digo que, en un país así de insulso y anodino, triste e incapaz, vulgar y absurdo, no muy dado al orden y la limpieza que digamos, en donde todo, absolutamente todo se mide siempre a la baja y la estulticia prima ante la teodicea propiamente dicha…, en un país así, de tamaño jaez, y no estamos hablando, aunque lo parezca, acerca de España, ni tampoco sobre la asaz (muy) maltratada Península Ibérica, enhoramala tiene la santa obligación de vivir el hombre íntegro, culto y distinguido que, por cierto, no da crédito a sus ojos, y mucho menos todavía, voto a sus oídos: tal es, pues, el grotesco panorama español, el dantesco cuadro español, el perogrullesco espectáculo español, el sanchopancesco devenir español, el donjuanesco asunto español, y, así, sucesivamente hasta darnos de cabezazos contra la dura piedra filosofal que no es granito o roca madre, sino hormigón armado, acero fundido y aluminio prensado. Es entonces cuando el susodicho enhorabuena piensa para solaz de sí mismo: “Los Estados [perdón], los estadios demenciales adolecen de memoria”, y todos tan amigos: el inmundo carrusel político de los últimos años, desde luego habla per se, más aún, por mi boca.

No es extraño, pues, que las personas más distinguidas de hoy, enhoramala vengan sufriendo los mismos embates psicológicos que las celebridades del remoto y muy angosto pasado, de tal suerte que, todas las penalidades que el genio de marras encajó otrora, tajo parejo habrá de soportarlas igualmente el futurible sabio del mañana, y, así, sucesivamente hasta darnos de cabezazos contra la dura piedra filosofal que no es pared más sorda, da que una tapia de camposanto, sino muro inquebrantable, frontera indeterminada, muralla al uso del tuercebotas: de ahí que la hueste literaria española, esa pejiguera inconfesa, esa mesnada acobardada, esa depresión de caballo, en efecto sea algo así como una caja de resonancia sin connotación alguna, cuando no una guitarra sin cuerdas, una flauta sin agujeros, una zambomba sin carrizo al uso, en fin, una púa solapada a más no poder; todo mientras un asqueroso y abultado nudo cabalmente forjado de angustia y ardor, enhoramala va tensándose por entre las desmenuzadas y desabridas entrañas del alma depositaria, en virtud de la cual, la inminente y latente repulsa vilmente acaecida, incluso podría llegar a manifestarse de suyo, allende la boca del maltrecho y aciago y muy descompuesto estómago de marras… Al mostrenco Literato español, siempre con la trágica idea del suicidio en mente, desde luego no le queda más opción en liza que la de pensar, escribir y esperar cabalmente sentado la oportuna llegada de otra raza mejor, dijérase más adecuada a su época, más acorde a su devenir, más propia de su tiempo a todas luces futurible: fuera cosa, misterio o gravamen, punto menos que imposible, y para poder demostrarlo aquí, qué mejor que un botón de muestra: en mi opinión, a maese Schopenhauer, lo mismo le hubiera valido haber nacido mañana o pasado mañana, que ayer, antier o trasantier, toda vez alumbrado casualmente durante “El Siglo de las Luces”.

 

Apiádate de mí,

Luna de mi corazón,

puesto que sin ti,

vuelvo a ser Sol.

 

El sótano impertérrito”, artículo nº. 50.

© José Javier Martínez Rodríguez.

 

esplinmartinez

esplinmartinez

Escritor, filósofo de la vida, soltero, solitario, desempleado, ciclista BTT, ecológico, asqueado hasta la so-saciedad.
1 Comment
  1. JM

    Así en jocoso y de jodedera, como dicen en Cuba. Siendo yo parecido a ti, salvo en lo de desempleado y filósofo, que esto último ni lo soy de la muerte ni menos de la vida y, de lo primero, ando justo al contrario, o sea, full time y agobiado por work, y obvio es, también siendo amigo de Quevedo, en el que te recreas, te apunto una corrección que me costó perder una cerveza con un juez un día (aunque luego me resarcí ganándosela con lo mismo a mi novia) a cuenta del “deísmo” que ADOLECE la sociedad parlante-literaria que describes, ya que, amigo, el vocablo ADOLECE ya lleva en si el defecto, la falta de, por lo que el ADOLECE + DE que tu usas (los estadios demenciales adolecen “de” memoria) es simple infracción deísta; incorrecto, o sea. Broma pues y cordial saludo.

    12 diciembre, 2016 at 5:40 pm - Reply

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