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Notas de un invierno breve, un sí es no es ventoso y medianamente frío o friolero: El tizón, la lumbre y un fuelle al uso.

El egoísmo, esa patología infame, tan extendida entre el codicioso abolengo de la avariciosa raza humana, por lo pronto tiene registradas muchas caras, incontables caras, infinidad de caras: variopintas, descaradas e impasibles; tantas como disfraces: todos muy vistosos; multitud de formas también: harta variedad, y un sinfín de atuendos varios, tan dispares y distintos, cuan diferentes y discordes.

Si bien es verdad que en España hubo un tiempo de holganza y prosperidad, merced a un gobierno de carácter y trapío puramente económicos (o séanse corruptos de suyo), en virtud del cual se vivió lo que se dice a cuerpo de rey, y más concretamente hablando, entre los opulentos albores de una dictadura consumista sin parangón alguno, nunca antes conocida por aquestos pagos tan ignorantes y analfabetos cuan sometidos y esquilmados a fuer de Historia, llámese Estado del Bienestar o, en su defecto, del Inconsciente, del desarrollo fomentado a espuertas, a discreción e incluso a mansalva, quizá y sin quizá anduviera un tanto descontrolada, quizá y sin quizá anduviera rozando lo mejorable, todo pudiera ser, puesto que en España cosas peores se vieron y todavía continúan viéndose no de ordinario, sino a diario; sin embargo, ahora, por mor de un gobierno harto sentimental y asaz retorcido, sea como fuere estamos en los tiempos mayormente dedicados al ejercicio de la oposición y el muy antagonista punto de vista; luego todo indica que ha llegado la hora de hacer justamente lo contrario, a ser posible del revés, es decir, zapatero a tus zapatos (perdón: ha sido un traspiés), es otro decir, el tiempo propio de una dictadura comunista sin par que, tal como está mandado, en efecto subviene sufridora, cuando no manida y también socorrida, socorrida a más no poder: por lo que España ya asemeja ser, y verse sin ánimo de ofender a nadie, puesto ya tenemos bastante con lo nuestro, una vulgar República Bananera en toda regla contemplada, y, aun siendo así la mostrenca cosa el dispar, muchos políticos piensan, es un decir, cuando no una ilusión óptica, un error de perspectiva, incluso un espejismo, que la crisis actual no viene a ser un castigo del todo excesivo, sino aquello, empero, que justamente merecemos, según dicta y preconiza el zopenco ideal de media España, siempre acorde a la dantesca situación del momento; o sea que debemos recibir, cuando menos, un admonitorio toque de atención o un escarmiento, tras encajar un potente varapalo, acusar un consecuente ajuste de cuentas, recoger un merecido correctivo, incluso percibir una potente venganza quién sabe si premeditada o no; todo y más aún nos corresponde soportar sobremanera implícita, tan explícita cuan indicada. Así que amanezca, será cuestión de asimilarlo y no se hable más, por cuanto debemos sufrirlo en carne viva, tras haber tolerado durante tanto tiempo, y además de buen grado, tantísimo libre albedrío, tantísimo tejemaneje y tamaño despilfarro económico, ¡menudo capitalismo infame tuvo que presenciar el infame socialismo de época!: helo aquí, pues, alongado, el tísico y hético tiempo de las bacas flacas, de la austeridad y del ahorro a fuer de pasar hambre, frío del bueno y necesidad en abundancia. Muchos ciudadanos, a tenor de la triste realidad que tajo parejo nos define y caracteriza, ya se sienten cual si fuesen judíos, quizá porque el primer asedio económico ya lo hemos encajado en firme, todo mientras Europa se frota las manos, se ríe de nosotros y se hace cada vez más rica. Si fuera preciso, lo repetiré mil veces: “Tenemos al enemigo en casa”, lo mismo Europa que el Estado.

España ya no es España, más bien parece Polonia, por cuanto el político de marras, en principio no quiere ser rico, pero, válgale, tampoco desea que nadie pueda serlo: he aquí, venteada, la muy disoluta proclama socialista, y, sin embargo, lo mejor y más conveniente es: ¡al abordaje!, hay que apropiarse de todo cuanto algo de valor tenga o deje de tener, maricón el último y sálvese quien pueda, para el tiempo que me queda en el convento, me exonero dentro, y después a tumbarse a la bartola mientras llega el subsiguiente gobierno en liza que, quieras que no, ya debe de estar al corriente de todo lo que en iguales méritos y anejas cantidades tiene que dejar de hacer, antes bien enseñado, aleccionado y adiestrado de manera magistral por su mayor Catón, toda vez dejado el país en ruinas, a pique y, bien mirado, incluso al borde de la última jaculatoria dijérase postrera. ¿Conque los españoles querían capitalismo?, ¡pues toma medicina socialista!, ¡socialismo al canto!, ahí os quedáis con un país saqueado de cabo a rabo: ahora que lo levante la derechona mano maestra, a ver si puede, tanto que presume.

El invierno nuclear se conoce que ha llegado a las puertas del albo hogar y, por lo demás, efectivamente viene haciéndose de notar un sí es no es bastante, tal vez en demasía. Todo pudiera ser y cosas todavía peores se vieron en España.

El nuevo gobierno entrante, como si de un juego asaz infantil se tratara, enhorabuena trae bien calentita la ortodoxa regla de medir voluntades, lo mismo distancias que magnitudes, todas indeterminadas, mudadizas y fluctuantes; otras veces las desobedientes puntas de los dedos y también algún que otro colodrillo despistado, allá él: en efecto, los antiguos maestros de escuela, eran así de optimistas y, por lo demás, tenían la mano muy larga, aunque no tan luenga como los otros (esto último es un error de imprenta que no pude corregir ya pasados unos cuantos años en lid). Y, pese a todo, el gobierno anterior se va de rositas, al tiempo que le da la risa por lo bajini; todo mientras el actual representa su papel, hoy por ti, mañana por mí, tuya, mía, tuya, mía, el pueblo frente al manipulador y reblandecedor televisor, la mujer siempre a lo suyo, para no variar, y el escritor, que ya no puede aguantarse más, talmente pregunta a discreción:

—¿El servicio, por favor?, fuera bastante procedente llamarlo wáter, directamente hablando, en calidad de español…

—El aseo de señoras, es un decir, en efecto queda al fondo, allende el esmero, tal como tiene que ser, siempre de cara a la galería, no obstante huela que da gusto, y el retrete de los ciervos en celo permanente, perdón, de los perínclitos caballeros, en su defecto, ligeramente escorado, lo mismo podrá verlo tanto si mira a la izquierda, como a la derecha, indistintamente.

—Gracias, muy explícito, jefe.

—Espere y llévese, de paso, un buen rollo de papel higiénico marca Elefante, no sea cosa que le haga falta y al trasunto no haya dónde agarrarse aquende el aplomo de una situación tan incómoda; periódicos al uso del político, lo siento mucho, pero no me quedan ni siquiera para ir leyendo mientras tanto, ¿sabe, usted?, se lo digo, más que nada, porque la Agencia Tributaria, últimamente está que se sale de sus casillas, después de tanto malrotar los ahorros de la gente honrada, y, respecto a la Justica, mejor no digamos nada… ¡Menuda escampavía de mangantes y actitudes punto menos que zalameras, unos ilícitos, otras ilegítimas! ¡Las mafias, las conspiraciones, el crimen democráticamente organizado, al fin y al cabo es lo que tiene reservado en depósito! Por consiguiente, le aconsejo que se vacíe bien a gusto, al igual que Goethe cuando escribió su famoso infusorio, perdón, su famoso detrito, perdón, su famoso “Wherter”, esto ya lo dijo otrora el señor Cela, puede que en algún periódico de aquéllos, aunque no con la misma intención y desde luego sin llegar a ser tan franco. ¡Catapum!

—Apúntese otro tanto, jefe.

El invierno, tal como ya se dijo, en efecto ha sido breve, aunque ligeramente ventoso y un punto helador; si bien es verdad que en algunas casas ha pegado con más fuerza que en otras familias cuyo trasfondo palaciego pudo capear a tiempo el idiosincrático temporal de la golfería y el desatino y el despropósito, sin embargo, mañana o quizá pasado mañana, sea como fuere vendrá otro gobierno más que ir a sumar a la ya lamentable lista, tal vez con un pan debajo del brazo, lo futurible no es ninguna nadería, sino el presente mismo y, por tanto, resulta punto menos que imposible escapar de su indocumentado abrazo, y ya, una vez instaurado el nuevo gobierno en liza, la Historia puede volver a comenzar y vuelta la burra al trigo, vuelta a empezar con el mismo cuento de la lechera, con la leyenda de la ubre nacional y la del manso venido a menos: en los cuentos siempre hay un mago que ex profeso se dedica a la magia, de tal suerte que abre las arcas con la mirada y, tras de gritar un grandilocuente ¡tachan!, toda vez entonado en pantomima, acto seguido devienen vacías y, en cosa de un tris, todo desaparece sin dejar rastro alguno:

—¡Milagro, es un milagro, de la Virgen! —vocea el ochenta por cien de la población española que además de tontaina es providencial y también creyente a más no poder, dijérase pío creyente.

—¿Se ha dado usted cuenta de que la mostrenca población española ya propende a devenir en ave de rapiña, tras haber tomado buen ejemplo, antes bien inoculado por el maldito televisor?

Quien así lo quiera, perfectamente puede buscar sus ahorros en el extranjero, pongamos por caso: Suiza, Bruselas, Marbella, Gibraltar, Luxemburgo, Alemania, Andorra y, las Islas Caimán, también. Viajar es maravilloso, así Julio Verne, si bien no deja de ser un metafórico decir que en España resulta punto menos que arriesgado, a juzgar por cómo está todo y, aún más, por cómo está el personal, ora energúmeno, ora chamuscado, cabalmente hecho un guiñapo, un eccehomo, ya dispuesto a todo, ayuno de alegría.

Los cementerios, ya de bote en bote, rebosan miles de almas en pena, todas caídas en desgracia, y las velas, los cirios y los candelabros, comoquiera devienen apuntados en el trémulo orden del día, se diría que hemos vuelto atrás en el tiempo, tal vez a la época de los Castillos Medievales, y por eso mismo, algún escritor en ciernes, cabalmente sentado en el trono, y váyase lo uno por lo otro de más allá, ya se siente igual que Cervantes, tajo parejo escribiendo a la antigua usanza y tirando de velas, siempre incandescentes, sibilinas y bucólicas, al igual que se hacía otrora, seguramente entre tinieblas esplendentes y fungibles pasadizos varios. A propósito de tinieblas y pasadizos varios: si en España ya faltan camas en los hospitales y los enfermos ya adolecen de medicamentos, pues entonces, imagínese usted las tremebundas condiciones de muchos centros penitenciarios, preferentemente los de baja estofa, figúrese la pudibunda calidad de vida que instante estarán soportando todos aquellos pobres infelices, y digo pobres infelices y no ladrones o convictos o sabandijas, principalmente porque los mayores criminales de la nación, a juzgar por la opulenta vidorra que ahora mismo están pegándose a discreción, desde luego no están confinados precisamente allí, sino libres como el viento y a la buena de Dios, muchos de ellos en Marbella, Suiza, Andorra y demás lugares literalmente creados ad hoc. Los tres o cuatro jueces honrados que hay (es otro decir), fuera tirando muy por lo alto, tampoco es menester nombrarlos no sea cosa que los retiren por su bien hacer, y los despidan por tomarse demasiado en serio su trabajo, su labor, y sean consecuentemente destituidos por no seguir el juego de la Curia comprada de antemano o, en su defecto, vendida a priori. Por lo demás, está claro, incluso clarísimo, que la crisis mundial no solamente ha sido provocada por la madre de todos los males habidos y por haber, antes bien llamada INTERNETE (las Compañías de Teléfono se han apropiado de todo cuanto devenía privado y, por ende, estaba puesto a la venta por alguien: un avance de dos pasos, sí señor, mas no sé si fascistas o comunistas), sino por mor de toda la gentuza inmunda que enhoramala tenemos instalada en España, mayormente concentrada en los campos de la política, también en ámbitos aristocráticos, nobiliarios, clericales, funcionales, pecuniarios, palaciegos, áulicos, municipales, sindicales, etc.

—A usted, ¿quién demonios le ha dado vela en este entierro?

—El Ministerio de Hacienda.

—¡Ah!, bueno, entonces me callo la boca; ¿trae más invitados?

—Sí, todos los Ministerios en lid, junto al Poder Judicial en pleno y gran parte del Ibex-35.

—No sé si todos ustedes cabrán en mi humilde morada, este Tanatorio no brilla precisamente por su tamaño.

—No se preocupe, nos amoldamos a todo, no ponemos pegas y tampoco somos melindrosos: con cualquier cosa que nos den, nos apañamos y así vamos tirando del sablazo helvético, perdón, quise decir del carro empírico… La costumbre ¿sabe, usted?

—Acomódense, pues, donde mejor puedan; ahora mismo les traigo unas cuantas sillas de carpintería cabalmente rematadas ad hoc con mucha marroquinería de calidad, luego les prepararé una buena cafetera bien cargada de… café portugués, que me trae un buen amigo oriundo de la mismísima Badajoz: el sabor quizá lo encuentren un sí es no es un pelín raro, un tantico extraño, mas no se preocupen ustedes, ni tampoco hagan demasiado caso, es así de natural.

—Mientras se pueda beber y no sepa a demonios…

—¿A demonios?, no, hombre, no, ¡cómo va a saber a demonios!, en todo caso a cianuro o, mejor aún, a estricnina pura y dura…, era broma; esto de malrotar el dinero del contribuyente pobre, desde luego se merecía un chiste, después de tanta frase lapidaria, tanta jerigonza, tanta verborrea, tanta tomadura de pelo, tanta caradura y tanta cháchara inmunda… Tunantes por doquier.

El invierno susodicho azota, los chuzos caen de punta y los calcetines, vueltos del revés y hechos madeja, ya no se cuentan por pares, sino por docenas: cualquier gachó que no estuviese en sus cabales, a todo esto diría que el invierno no ha sido breve, aunque sí ventoso y medianamente frío; yo creo que en el circo se debe de estar bien, bien calentito y a salvo de las fieras, de los semovientes, de las bestias no rigurosamente humanas; no obstante, el calor humano, aunque parezca mentira, hace mucho bien, por lo tanto, será cuestión de apretarse el cinturón, algunos la soga, y además no hay cristales en derredor que poder congelar una vez colado el frío de rondón, de por siempre inmiscuido, inoculado a través de las diáfanas ventanas que, en puridad, no existen, metafísicamente hablando, pues de lo contrario, la grotesca función en ciernes se vería desde el exterior y entonces no habría que pagar ninguna entrada, ningún arancel, sino mil impuestos varios, todos por mor de la usura nacional, el que dijo usura, en principio quiso decir basura inmunda, empero remedó a tiempo, menos mal. Ya empieza a soplar otra vez. “La respuesta está en el viento”, tal como dijo otrora el famoso novelista Simmel.

Se conoce que el invierno ha sido breve, pero matón a más no poder, y así, mismamente así, va nuestra pandereta llamada España, siempre por la vía estrecha de la enfermedad, la avaricia y la perversión rayana en depravación, por cuanto confina en demencia. Ya va siendo hora de coger un tren y aventurarse, entregarse, ofrecerse de cuerpo presente a la vida, más infelices no creo que podamos ser y la muerte, junto a la dictadura comunista y la dictadura fascista, igualmente están tajo parejo esperándonos, en tanto en cuanto sean nuestros más fiables asideros, nuestras más seguras criptas: dígote, paisano mío, que ni una sola hora pasa por los políticos-as, que, en efecto, no vaya sacando tierra de nuestra inmune sepultura. Se conoce que ha llegado, para no variar, el gran beato Quevedo, como todos los demás.

Así que despuente el día, todos debiéramos rezar unas cuantas jaculatorias, aunque estemos cabalmente fuera de hora. La historia de los últimos políticos en lid, dondequiera que tercie, pinta en trenes, se conoce que son muy ferroviarios, muy consumistas, muy comunistas, muy fascistas, muy modernistas, muy capitalistas, y muy atrevidos también: en efecto, los hechos hablan por sí solos, y, aun así, el vulgo, no obstante su mayor número, entretanto sigue erre que erre, dale que te dale al moralista voto de conciencia, siempre metido en sus trece canales de televisión, harto embusteros, asaz manipulada: tan pronto nos ofrecen el nauseabundo espectáculo de toda la mangancia nacional, como informan sobre los quince años que aquel grandísimo ladrón lleva sin ser juzgado todavía: desde luego hay que ser caraduras, sinvergüenzas y gaznápiros. El nido de los buitres es ingente.

—Adelina, mi escorado amor, hazme el favor y dale al puñetero mando a distancia de una vez por todas, quítame el maldito canal de noticias puesto que viene dando verdadero asco el tener que ver la misma cantinela todos los santos días… ¡Menudo hatajo de bribones y cortesanas! ¡Esto, hace ya mucho tiempo que dejó de ser un manicomio ingente, y ahora tiende a devenir en estatal casa de lenocinio!

—Algún día, San Unamuno, digo yo que habrá que enterarse de todo lo que pasa por el mundo adelante, de aquí acullá, siquiera sea en lo tocante al país en virtud del cual vivimos; ni que fuésemos políticos, condes, marqueses, paseantes en cortes o vulgares chulos de duquesas…

—Lo que pasa está muy claro, mi perínclito amor, mucho más que claro, tanto más que claro, vamos, incluso clarísimo.

—Pues entonces, explícamelo, cariño mío, grandísimo filósofo de mi vida y sucinto relleno de mi corazón tornasolado y transgresivo de tu postura inmaculada, a ser posible con pelos y señales, más que nada, porque soy un poco corta y por tanto no acabo de hilvanar el abigarrado hilo de la Historia, cuanto más que yo, casi siempre suelo ir a lo mío y lo mismo me tienen ocho que ochenta, literalmente hablando (o séase ninguno, ni siquiera tú, grandísimo infeliz: yo soy hija del viento, de la Naturaleza, de la Voluntad, y vosotros una horda de animales descastados que dais verdadera pena, no merecéis siquiera un solo beso en la mejilla).

—A ver, pocholita mía, déjate de coñas y cuitas sin sentido alguno y atiende, intenta concentrar tu vivíparo cerebro a todas luces hormonal y escucha sensu stricto mi portentosa declamación filosófica: cómo te diría yo, aunque sea hablar con la pared, peor aún, con una sátrapa fascista, capitalista, materialista, católica y además desvergonzada, que en España nunca ha existido el metafísico concepto de la honradez, ni tampoco el empírico don de la generosidad, y muchos menos todavía, el cognitivo estadio de la decencia, o sea que la metafísica voluntad que en virtud de mejoras aspira al orden, a la higiene espiritual y al buen hacer de la libertad, nunca ha parado por España, ¿has entendido algo de lo dicho o es menester que vuelva a repetírtelo una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, mi despampanante “culín”?

—El día menos pensado te pego fuego a ti, y a todos los libros que tienes apilados, también, tal como le hicieron al perínclito loco de Don Quijote…

—¡No te atreverás, mala pécora, mal hallada, bruja, perra parida, grandísima zorrupia, golfas, chiflada, trocadora de voluntades ajenas, vulpeja, hormona sin conciencia alguna, mala bestia, cacho animal, bicho a medio hacer!

—Tú ponme a prueba que verás de todo punto lo que es bueno, ¡so melón, guarro, gañán, asqueroso, cuadrúpedo, semoviente, animal, imbécil, sodomita, proxeneta, mastuerzo, descastado, tunante, descarado, puteros, sinvergüenza!

—¡Pues junto a ellos arderás en las abisales brasas del averno!, aunque una vez allí, sin duda te sentirás igual que en casa, grandísima bruja, ¿acaso no os da vergüenza ver cómo está el país?, ¿cómo está la sociedad?, ¿cómo está el inmundo patio constitucional?, ¿cómo os las gastáis siempre por lo bajini, entre gabinetes de postín y representaciones de toda laya?

—¿Y qué quieres que hagamos, pues?, si se puede saber…

—¡Pues decirlo, copón!, decirlo ya de una maldita vez, ¿qué es lo que voy a querer si no?, que se diga bien alto y a voz en grito y a quien haga falta y no estar ahí calladas tal como vulgares cortesanas lujosamente mantenidas a costa de los demás…

—No blasfemes, Gregorio, ni levantes la voz que tampoco hace falta dar tres cuartos al pregonero, pues las paredes oyen mucho mejor que nosotros, que luego todo son chismes, cotilleos y habladurías…

—¡Que se vayan todos a tomar morcilla, los vecinos y la madre que los parió a todos!, ¡en mi casa digo lo que me venga en gana!, y váyase por delante un botón de muestra: ¡Lástima de culo si no evacuara, con lo bonito que lo tienes, pocholita mía!, y al que no le guste: ¡puerta!, ¡a tomar viento fresco!, ¡ya está bien de tanto embuste y tanta patraña palaciega!, ¿pero qué carajo se han creído que somos los trabajadores?, ¡si serán canallas!, ¡menuda chusma inmunda nos lleva los papelorios! ¿Será posible que en todo el pueblo sea yo el único vecino que exprofeso ha colgado una buena pancarta en el balcón, después de la monumental tormenta política que está cayendo? ¡Eso demuestra bien a las claras en qué clase de sociedad vivimos! Cuales gentes, tales políticos, peor aún, cual ralea, tal política. ¡Menudo hatajo de beatos punto menos que inconscientes, tan dolientes cuan lisiados! ¡Tartufos de medio pelo! ¡Fariseos de tomo y lomo! ¡Todos los santos días dale que te dale con Fulanito, con Fulanita, con la Política, con el Juzgado, con la Banca, con la TV, con la estafa de turno, con el nuevo corrupto en liza y el domingo a misa, a confesar todos los pecados cometidos durante la semana! ¡Menuda calaña familiar! ¡De ahí la ingente cantidad de políticos, banqueros y empresarios corruptos, puteros y ladrones! ¡De ahí la democracia, la monarquía y el cristianismo! ¡Menuda conjura de necios, menuda alianza de lerdas, todos hechos un guiñapo!

—Tengamos la fiesta en paz, Gregorio, tengamos la fiesta en paz y no te alteres, que las verdades ofenden, ya saldremos de ésta y no te sulfures más, que tengamos salud y un plato de lentejas, eso es lo importante…

—¡Nos ha jodido mayo…, que nadie diga la verdad!, máxime cuando todo el mundo la conoce a la perfección e incluso a fondo, ¡si será posible!, ¡menuda panda de busconas y bribonzuelos!, ¡vaya una sociedad chapucera compuesta por majos, petimetres, beatos, beocias y cortesanas!, ¡aquí, aquí lo que hace falta es otro bicho viviente igual que Nietzsche, que reparta leña a discreción y no deje títere con cabeza!

 

El invierno último ha sido más bien breve, ya se sabe cómo fueron los demás, ya sabemos cómo serán los venideros, los hábiles y futuribles inviernos de la perversidad se suceden uno detrás de otro: primero le toca el turno al barriobajero, después llega el donjuanesco, luego aparece el perogrullesco y más tarde se presenta el sanchopancesco, el quijotesco, el burlesco, el truhanesco, toda vez seguido del chabacano, también el mareante, y así, sucesivamente, el maridaje es indescriptible y además penoso, lamentable, cuasi repulsivo. La tremenda crisis de valores humanos, ya es lo de menos.

El invierno del político, del juez, del abogado, del funcionario de prisiones, y de la fiscalía entera, no ha sido frío, ni tampoco tan breve como se esperaba, antes al contrario pasó rápido y fugaz, dijérase volando cual si fuese un ave de rapiña, pongamos por caso al buitre, algunos son de orden leonado, otros de condición simple, así como quebrantahuesos y demás fauna de índole carroñera que a propósito no distingue lo putrefacto de lo podrido y además propende a confundir el tocino con la velocidad. En el variopinto circo de los Juzgados, antes Teatro Lope de Vega, ahora Teatro José Zorrilla, yo creo que se debe de estar bien, bien calentito, será cuestión de pasar la noche allí, a ver si así, entre güelfos y gibelinos, se nos pega algo de calor al cuerpo, aunque no sea humano, ni tampoco demasiado humano, más bien infrahumano.

 

Notas de un breve invierno: El protomiseria y archipobre pueblo llano, no termina de entender el idioma de la canalla política, se conoce que no recibe el mensaje previamente lanzado ad hoc, no parece asimilar del todo bien la palmaria existencia de tanta escoria inmunda, y, sin embargo, el frío del duro invierno continúa, empero, azotándole a discreción, siempre confiando en la divina justicia de la providencia, que así sea, pues. Amén.

Gregorio y compañía sociedad anónima, a veces hacen el amor durante las primeras bocanadas de la noche, a decir verdad, con no mucho entusiasmo, ni con excesiva devoción que digamos, y después del lance en cuestión, ambos se quedan profundamente dormidos al unísono con la voluntad ya calmada, desahogada y satisfecha. Por la mañana, despuntado el día, él se levanta primero, acto seguido orina, se lava un poco la cara y no se afeita –ni siquiera untado con diaquilón–, hay que ahorrar tanto gasto de agua y luz cuanto sea humanamente posible, el invierno desde luego está siendo duro de pelar, sobre todo porque ambos sustentos comoquiera están tajo parejo la mar de caros; luego se prepara un café con leche bien cargado y, automáticamente, acude al excusado, las tripas revueltas así lo requieren, y una vez allí hace de vientre mientras fuma y lee algunas páginas de Hegel, Tolstoy, Aristóteles, Goethe, Allende, Llosa, Valle-Inclán, de todo un poco, sobre todo de Tolstoy, se diría que Tolstoy le viene de perlas, también de perilla, Malebranche asimismo le sirve, si no para aliviar un inesperado retortijón, sí para solventar un desnutrido apretón, y por eso mismo, hasta en el baño viene a tener una buena colección de libros a mano, con los que a modo de pasatiempo ir pasando el rato, despachándose bien a gusto. Gregorio, las veces intenta devenir en silencioso, lo máximo posible, la cuestión radica en no hacer demasiados ruidos al uso, dígase, en su defecto, ruidos provocados ad hoc o sonidos puestos en flagrante situación punto menos que indecorosa, y, sin embargo, conforme va leyendo y haciendo sus fisiológicas necesidades, tan pronto mayores como menores, asimismo va preconizando la demiúrgica idea de que ahí, justamente ahí, toda vez situado en ese indigesto punto de inflexión, enhorabuena reside el resorte de su felicidad que, al fin y a la postre versa estomacal y nunca intelectual. El invierno de Gregorio y Adelina, sin duda ha sido un invierno de cojón de mico, y discúlpese la expresión.

 

En Suiza, desde luego debe hacer harto más frío que en España; Suiza, bien mirado, representar ser algo así como la cumbre de la gran pirámide europea, feudal por antonomasia, delictiva por la gracia de Dios: lo demás, sinceramente, creo que ya se sabe, por lo tanto, no es menester volver a repetirlo, no sea cosa que la banca, la política y la usura continental, al trasunto se ofendan más de lo conveniente, más de lo prudente, incluso más de lo aconsejable. También es un consuelo pensar que no hay ningún invierno que cien años dure; asimismo “te podría contar, que está quemándose mi último leño en el hogar, que soy muy pobre hoy, que por una sonrisa doy, todo lo que soy, porque estoy solo y tengo miedo” (Joan Manuel Serrat).

 

El dato más importante de toda la estadística nacional, en principio nada tiene que ver con la incipiente cifra del paro laboral, ni tampoco con el número de desempleados en liza, ni con la deuda nacional en ciernes, la intención de voto, el PIB, la SS, la retahíla de corruptos, la reforma laboral o las nuevas medidas económicas, etc., nada más lejos de la realidad, una realidad trágicamente sembrada de muertes repentinas, usted ya me entiende: he aquí, pues, sonsacado del metafísico fondo más oscuro y abisal, el dato más importante de toda la estadística nacional. Si este dato en concreto, acaso dejara de estar oculto a los ceguezuelos ojos de la sociedad, inmediatamente comprenderíamos el brutal significado de la palabra demencia que, sobre ser la principal protagonista de aqueste libro, asimismo es a la postre la directora del muy premiado film: “Rocío de España”.

Todos los nacidos a finales de los años sesenta en adelante, no teníamos muy claro en qué consistía el Fascismo, llámese Franquismo, Comunismo, Populismo, Socialismo, Nazismo, Despotismo, Nacionalismo, Adanismo, Colectivismo, Capitalismo, Monarquismo, Catolicismo, Mutualismo, Sectarismo, Consumismo, Totalitarismo, Absolutismo, Parlamentarismo, Constitucionalismo, Racismo, Paroxismo, Monotelismo, Fanatismo, Patriotismo (vulgo chovinismo), Bautismo, Nihilismo, Gregarismo, Monetarismo, Egoísmo, Machismo, Feminismo, Autoritarismo, Mimetismo, Pelagianismo, Republicanismo, Militarismo, Demonismo, Narcisismo, Marxismo, Feudalismo, Conformismo, Determinismo, Esclavismo o Filibusterismo, etc., etc., etc., ahora ya somos duchos en materia criminal, mejor aún, Criminalista y váyase lo uno por lo otro de más arriba. No obstante, lo mejor de todo esto que así o asá acontece, sin duda es que el universal partido de la tiranía, en efecto nos está mostrando a flor de piel todo aquello entre ruin y mezquino que, bajo ningún concepto, deberíamos imitar nunca, jamás, aunque estemos, errantes, transeúntes y vagabundos, tirados debajo de un puente, a cubierto del maderamen, y sé muy bien de lo que estoy hablando: “Con el destino, puesto que es vengativo a más no poder, no se juega: ¡allá quien ose desafiarlo!”.      

 

”El lirón de las ánimas”, artículo nº. 27.

© José Javier Martínez Rodríguez.

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Escritor, filósofo de la vida, soltero, solitario, desempleado, ciclista BTT, ecológico, asqueado hasta la so-saciedad.
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