Sobre Nietzsche y su retórica

En tanto anduve leyendo y releyendo, por enésima vez, la ambivalente y polivalente Obra de Nietzsche, concluyo por decir que, ésta, precisamente, es la única y mejor forma posible de entender y comprender el ingente contenido de un libro cualesquiera: en cosa de seis meses, ese mismo libro, esa misma Obra Completa, en lo sucesivo nos contará, nos descubrirá, nos propinará una serie de nuevos conocimientos al uso, y, así, sucesivamente, hasta descubrir la terrible y macabra enfermedad mental que enhoramala padece, ya que no sufre, el 70% de la Humanidad (después trataremos la compasión, señor Nietzsche). La susodicha lucha por alcanzar algún día, el 100% del total grueso humano. Evitemos tal descalabro funcional. Para eso estamos. A su servicio. No hay de qué.

Según creo entender, a todos los seres humanos nos espera tras la muerte una transmigración del alma, toda vez convertida nuestra Voluntad en vulgar animal al uso, semoviente por maligna definición: para entonces sí descubriremos de viso la mirada que fulmina a distancia, el brutal y maquiavélico comportamiento humano. Tiempo al tiempo.

Yo creo, y pasemos adelante, que el término nihilismo (negación de todo principio religioso, político y social), en la época de Nietzsche, enhorabuena venía significando otra cosa muy distinta de la actual, porque si no, no se entiende gran parte de su Obra, unas veces brillante, otras tantas ridícula.

Tras un parón digamos existencial (todo el tiempo dedicado a la lectura, todo quisque en su medida, en efecto resulta asaz agradecido, harto provechoso, así como enriquecedor, consolador y, tal la verdad, sanador), enhorabuena vuelvo a reencontrarme con la magia, y digo bien, de maese Nietzsche: esa retórica circense, esa escampavía asaz premeditada, ese truco de orden gramatical o lingüístico que, en su ignorancia infinita, convierte las piedras en peces y los gorriones en “águilas imperiales”, todo y más aún, sin que el lector de turno, no muy ducho en Metafísica, se percate de ello: tamaña artimaña de índole a todas luces gráfica, incluso estilográfica diría yo (el Filólogo en ciernes, sabe muy bien que la palabra puede decir una cosa totalmente contraria de la realidad y, sin embargo, pasar por buena: el truco del almendruco reside en la forma, en la expresión, en el estilo, en la pose, en la sintaxis, en la entonación empleada, en el sintagma que se entone, en la verborrea al uso, en fin, en el calado del sermón que no es credo de guardar, sino pantomima encubierta: Nietzsche, en efecto hace uso de la contundencia gramatical, válgale ortográfica, cual si fuese a devenir en león, majestuoso rey de la selva: cosa, misterio o gravamen que el elefante observa sin inmutarse lo más mínimo, entre astuto, compasivo y misericordioso).

Tras leer a Schopenhauer con arduo detenimiento, con ahínco y tanto más que preciso detenimiento, todo lo demás es decadencia, resulta decadente, deviene decadente, cuando menos superfluo (no se dice nunca “cuanto menos”), trivial, mundano… La Humanidad enhoramala lleva ciento sesenta años profundamente estancada en la idiocia general: de ahí provienen las Monarquías, el Clero, la Aristocracia inútil, el sacrosanto matrimonio, el lucro, la Política como gran usurpadora del pueblo llano, la exterminación de las especies, la destrucción de la Naturaleza, las Guerras, la Semana Santa, las corridas de toros, la caza, el consumismo iracundo, la poesía que increíblemente exalta la suprema grandeza de maese Cupido, la hambruna, la miseria, la devoción, la estulticia que parece no agotarse nunca…, en una palabra: demencia humana, exclusivamente humana: ningún otro bicho del Planeta Tierra deviene demencial, salvo el civilizado y ejemplar y socializado ser humano. Los zoológicos y demás, confirman todo lo que viene largándose.

Cuando la mujer o el necio de marras adolece de conocimientos avanzados, cuando la susodicha o el sobredicho no tiene argumentos válidos que poder situar sobre la palestra del pensamiento puramente filosófico, cuando ignora de suyo la premática en lid, consecuentemente se dedica a negar el dictamen o, en su defecto, a tergiversar lo dicho, lo evidente, lo expuesto: de ahí el disimulo innato o la retórica del Catedrático venido a menos: ese especialista, ese trilero, ese feriante, insuperable en su terreno, llevando la contraria de todo aquello que comoquiera venga sonándole a chino, dando la impresión así de ser alguien sabihondo que, a diferencia, discrepa y no ignora, alguien que sabe muy bien de lo que habla, alguien que, además de oír, también escucha, alguien que ha leído mucho, alguien que todo lo entiende y todo lo comprende, cualquier cosa menos caer en el mayor de los ridículos, que es, para más señas, la viva expresión del genio, del genio verdadero queremos decir, esto es: toda su vida es un estadio de ridículo permanente, incluso la existencia misma le parece harta ridícula, ahíta de absurdos y despropósitos varios, cuyo origen no puede ser ningún otro que la inconsciencia, el idiotismo o la locura (la falta de memoria cognitiva, en última instancia Histórica, conduce inevitablemente a la locura, cual niños lactantes o ancianos seniles, preñados de senectud, donde siempre se dispara a discreción, sin orden ni concierto; por eso mismo solía decir Cela que tenía una memoria de tonto), sabedor de la Metafísica que, a la verdad, la crea y la envuelve y la hace copartícipe de una ilusión cien por cien fantasmal, irreal, ficticia: Sor Voluntad y todo su aparato empírico que Nietzsche traslada, peor aún, que Nietzsche rebaja, degrada al inmundo y psicológico nivel francamente humano, demasiado humano, es decir: cualquiera en su sano juicio perfectamente puede criticar, refutar y hasta ridiculizar dijérase la mitad de toda la obra nietzscheana: tal es su beligerante e intempestiva idiosincrasia.

Nietzsche efectivamente pensó que, poniendo de vuelta y media al cristianismo, tal que así estaría por encima de todos los genios habidos con anterioridad. Voluntad de poder y poco más.

Nietzsche sobremodo acierta en todo lo mundano, en todo lo social, en todo lo referente a las masas: sus pulsiones, sus prejuicios, sus moralidades, sus traumas, sus patologías… Bien mirado no aporta ninguna idea (Platón) categóricamente Filosófica, ningún concepto toma en sus manos la categoría Empírica, luego es un psicólogo muy de andar por casa, un psiquiatra al uso de la muy trastornada Humanidad, algo así como el médico de cabecera que, a decir verdad, logra curar muchos males… Nietzsche, a mi entender, pertenece más a la Ciencia que a la Filosofía propiamente dicha: es el mayor filósofo que ha dado la Ciencia. Los Metafísicos, por el contrario, son harina de otro costal, palabras mayores, endemoniados que juegan en otra liga totalmente aparte de la grey: éstos no ven más que beatos por doquier, beatos cabalmente comandados por el incombustible afán de Sor Voluntad, lo mismo hombres que mujeres.

Yo, a todo esto, no encuentro diferencia alguna entre la Inquisición, Hitler, Napoleón, los Visigodos, los Reyes Católicos, Hiroshima, el Colonialismo europeo, Cristóbal Colón, el Ku-Klux-Klan, el Apartheid, el Bloqueo internacional del Comunismo que también deviene religioso, la eterna matanza de ballenas, el latente y patente calentamiento global, la exterminación y el confinamiento de todas las especies animales, los incendios calculados, la hambruna de razas enteras, la desidia y el abandono de los ancianos rurales, el Capitalismo moderno, el Consumismo, el gregarismo, la Democracia, la Justicia a la carta, las Dictaduras, el racismo de orden religioso para con las razas mejor dotadas, aquellas que presumen una fe de bautismo mucho más grande y hermosa que la Oficial y Preceptiva, etc., etc., etc., salvo una paridad ciertamente sobresaliente, aquesta misma: el asesinato (es entonces cuando Darwin nos parece un alumno de Párvulo, debido a la presente involución de la especie humana, cuyo resorte principal continúa siendo el sexo, la manada, la procreación, el cortejo, la berrea, en fin, la voluntad de poder que dijera aquél, aquel Nietzsche tan confuso cuan confundido que trabuca ovejas por abejas… La Voluntad no es una pulsión de quita y pon, señor Nietzsche, antes bien es un ente, una dimensión empírica, universal, cósmica, en rigor metafísica, no la voluntad de ánimo ni qué ocho cuartos.

Nietzsche es un Científico, un Psicólogo, un Pensador, un Sabio, un Católico rebotado, nunca un Filósofo, mucho menos un Metafísico. El mismísimo Velo de Maya, o Platón, sin ir tan lejos, ya mató a Dios, señor Nietzsche, máxime cuando columbró la rémora que tajo parejo tercia entre objetividad y subjetividad. Ignorar todo eso, tamaño descubrimiento, anejo escalón superior, es algo así como volver a la Parroquia de barrio para increpar nuevamente al sacerdote de turno, en rigor, un paso atrás en la lucha que brega contra el egoísmo infame que, para más señas, no se sabe muy bien todavía dónde demonios reside o recae con mayor peso: si en la Plebe de los Sentidos (la masa inculta y religiosa), o en la tiranía mental que comoquiera Gobierna el mundo a su antojo y capricho… En ocasiones, sendos bandos son una especie de amalgama casi perfecta, como cualquier hijo de vecino que así se precie.

No se puede criticar a los antiguos beatos, todos célebres en su medida, siempre a merced de la época que les tocó vivir, cuando usted igualmente sitúa la base de su pensamiento en el mismo listón que ellos, su cimiento es el mismo, sus pilares parten de la misma pantomima que aquellos mismos feligreses insignes entonaron otrora, entre laureles, alhajas y afeites de toda laya… No es menester leer a Descartes para saber de qué va la cosa Metafísica, está clarísima: el instinto irracional frente a la teodicea, el sentimiento luchando contra la sesera bien ordenada, el amor bregando contra la razón pura. Dionisio, señor Nietzsche, y perdone mi frugal atrevimiento, como quiera que se mire, está en el lado de Dios y tal y tal. Es más todavía: su voluntad de poder, su castrense voluntad de poderío, su concepto de lo aristocrático, su crítica contra la compasión, contra la razón pura, es precisamente el objetivo, la diana, el blanco del cristianismo, el estandarte primero del cristianismo: véase cualquier  Enciclopedia del mundo que, a la sazón, está exclusivamente escrita por el susodicho. ¡Catapum! Yo creo que Usted, en su buena intención, sin ánimo de lucro, tiende a confundir los dos bandos en liza, haciendo una amalgama, una masa informe, una especie de gacha manchega en donde se dan cita tanto Tirios como Troyanos, sin desperdicio alguno.

Cuando Schopenhauer dijo: “En extensión se me podrá superar, mas no en profundidad”, desde luego dio en el clavo. Lo cual no es óbice suficiente para quitarle a Usted un solo átomo de valía, pero, así y todo, los hechos hablan por sí solos.

La mujer no cesa de traer vidas al mundo por y para que el hombre, el Superhombre las mate. Es la indistinta Misión de Sor Voluntad: su quehacer preferido, su mandato unipersonal, su homilía primera, al que muchos poetas románticos llaman Amor. Ninguno habla de la trampa para osos. Así las Novelas, casi todas las Novelas. Luego quieren y necesitan y ansían compañía, toda vez caídos en el agujero antedicho. Cuando la mujer sea libre, cuando la mujer esté libre del engaño religioso, estatal y aun gubernamental,  ya veremos si da el paso.

Usted se piensa que el celibato o el ascetismo de un sacerdote o una monja de buen ver, efectivamente sobreviene por mor del amor, por mor de la religión que se profesa, ¡no me sea ingenuo, por favor! Dios es un cuento chino, una fantasía, en rigor la medicina general contra la multitudinaria plebe de los sentidos que Usted a la postre intenta redimir sobremanera. Cuando millones de hombres y mujeres se retiran de la Sociedad, se apartan de la Humanidad, se van al monte con viento fresco, enclaustrados de por vida, disfrazados cual si fuesen leprosos, por algo será, digo yo. Y ese algo no resulta factible para con su peculiar punto de vista acerca de Dios y tal y tal. Lo aristocrático, bien mirado, es algo muy distinto de lo que usted profesa y preconiza. Su filosofía no está a la altura de la Naturaleza, mucho menos a la altura de la mostrenca naturaleza humana. La Naturaleza, señor Nietzsche, es el mayor poder del Cosmos: hay que rendirse frente a ella, hay que postrarse ante ella. Sor Voluntad está muy por encima de su psicología barata. La Metafísica que usted ignora no anda demasiado lejos que digamos. Es más: el Clero tira de Dios por y para que la plebe de los sentidos, en su ignorancia infinita, no pueda embrutecer la verdadera voluntad de poder. Si el Clero fuera totalmente autónomo, si no viviera del diezmo previamente usurpado al pueblo, al trasunto sería incluso digno. Ahora perdone que le diga, pero, según creo entender, la eviterna lucha de Dios, contra Dios, ya viene de antiguo, quiero decir: el Clero ya vio mucho antes que usted, la brutal idiosincrasia humana: de ahí el cuento chino, el gregarismo, el adoctrinamiento, la medicina contra la enfermedad general, la homilía al uso, el animal de rebaño, la Sagrada Biblia, el amor, el sexo, el cortejo, San Orgasmo, Santa Voluptuosidad, etcétera… Luego ¿qué estamos discutiendo aquí? La actitud, señor Nietzsche, la actitud que se toma frente a tal desbarajuste social, generacional, hereditario, existencial… ¡Catapum! El Superhombre bien podríamos dejarlo para solaz de cualquier otro día, a no ser que usted pretenda devenir en cristiano ejemplar, ignorando de suyo nuestra poética y aun metafísica procedencia.

El asceta u hombre inmune, el ermitaño, el eremita, el renegado, el “pesimista nato”, tras leer infinidad de veces a Schopenhauer, siendo el mayor optimista del mundo todo, inmediatamente recita su sermón intrínsecamente religioso, por y para criaturas con la misma mentalidad que Usted: esos abogados del amor que toda belleza habrá de embrutecer sobremanera. Es entonces cuando el gerifalte de turno, el perínclito conquistador de turno, con la voluntad de poder bien sujeta en la mano y la fe de bautismo bien dispuesta y armada, bien pertrechada, desgraciadamente pone en práctica todo la Inquisición del mundo, todo el cristianismo del mundo, dando lugar así a un nuevo Tomo Enciclopédico del mundo moderno: todo demencia, asesinato de masas y destrucción. Trabucar locura por aristocrático está la mar de bien. Después llega el cortejo y el macho alfa consigue copular con la hembra en ciernes: la especie ha mejorado, sobrevive el más fuerte, los débiles fenecen en la batalla, deben morir, incluso hay que ayudarlos a morir (Nietzsche): luego el cristianismo, mejor aún, la cristiandad, a fin de cuentas, vence nuevamente la batalla: un nuevo millón de pobres han sido carne de cañón…

 

¡Seamos serios, por favor, y no hagamos del mundo un manicomio, un patíbulo, un prostíbulo, un circo de retrasados mentales que Larra, su análogo español, abandonó a las primeras de cambio!

 

La misma actitud de Nietzsche, su peculiar entonación, su distinguido y prócer filosofar, en definitiva nos demuestra bien a las claras su colosal falta de lectura, al menos con respecto a los autores célebres que él critica sin más, con absoluto denuedo. De haberlos leído profundamente, con todos los sentidos alerta, en lo sucesivo no hubiera largado en público semejantes razonamientos más o menos insulsos, no hubiera publicado semejantes astracanadas que dijo Gasset acerca de Schopenhauer… ¡Otro que tal baila! ¡Otro marido que tal baila! ¡Otro católico que tal baila!

Por lo tanto, todos o casi todos bailan al son, al mismo son… Salvo Schopenhauer que es, para toda la Humanidad en general, un pesimista nato, un cenizo, un negado, cuando en realidad, supone la equidad por excelencia, la neutralidad por antonomasia, la objetividad por ventura la dicha… Siete libros tengo en depósito que no pienso publicar, ni siquiera andan corregidos debidamente, pues bien: uno de ellos se titula así: “La reverencia al son“, y el que quiera entender que entienda.

Si el cristianismo sigue y aun continúa vigente hoy día, dijérase vivo y coleando, en parte se lo debemos a Nietzsche: siendo su mayor panegírico, por muchos trapos sucios que el condenado sacara a relucir, venteados de manera tan magistral cuan errónea o insincera, a lo sumo esporádica, ligeramente preñados de verdad verdadera, ya que no duradera. A decir verdad, el cristianismo, bien mirado, es algo muchísimo peor de lo que Nietzsche vino a contarnos, tanto hogaño como antaño, no apto para débiles, sino para solaz de todas las mentalidades enfermas, ilusas, inconscientes, fantasiosas, al igual que sucede con cualquiera otra religión en liza: gente lunática, una Humanidad lunática, mayormente alucinada que, en su punto álgido, logra alcanzar límites verdaderamente insospechados. La religión es una enfermedad humana, una patología, un sentimiento exaltado, el orgasmo de Sor Voluntad, una farsa que la tiranía impone sobre las gentes de bien. La religión es una especie de política que, cuando deviene en mayoría insolente, absoluta, impertinente, asesina al contrario. El brutal egoísmo infame de la Humanidad, es el verdadero problema de la raza, no la religión, la religión se usa a modo de política para así poder sustentar la tiranía del más fuerte, del más retorcido, del más avaricioso, del más menesteroso: la falta de respeto para con la raza misma es ingente, macabra, nauseabunda, repulsiva. No somos más cosa que esclavos de la tiranía, vasallos de la demencia, camareros de la locura. El problema no es Dios ni qué ocho cuartos, el problema es la especie misma, la multitud, la procreación, el egoísmo infame que ostenta la Humanidad entera: allá donde pise el ser humano, ya no crece la hierba: he aquí, pues, descrito, venteado, presentado un buen Principio con el que poder empezar a filosofar de valiente.

El sí a la vida, estandarte primero de Nietzsche, se traduce automáticamente en la muerte de todos los animales y la destrucción de toda Naturaleza Superior: por eso mismo, durante sus últimos días, nuestro protagonista se abrazó al primer caballo que encontró, toda vez iluminado de verdad. Por fin dejó de ser humano, demasiado humano.

La Humanidad es religiosa, intrínsecamente religiosa, inherentemente religiosa, simplemente porque deviene ignorante, analfabeta, ingenua. Nada más y nada menos. La Usura del mundo todo, la Usura que gobierna el mundo todo, no puede verse reducida, no puede verse en libertad, no puede sostener el libre albedrío, sería una catástrofe sobre todo para la Aristocracia, para la Política, para la Clerecía, para la Banca ahíta de corrupción… ¿Acaso es diferente el Marqués con respecto a maese Fontanero, maese Albañil, maese Soldador? ¿Quién demonios le nombró Marqués, Conde o Rey? La ignorancia popular, ¿quién si no? La voluntad de poder, ¿quién si no? El gregarismo, ¿quién si no?

Algunos ya sabemos dónde diablos conduce la desobediencia, por lo tanto, no hay vuelta de hoja: el Sistema es un Sistema corrupto que se desquita a diario, dando por imposible un nuevo Orden de Cosas. Durante el Renacimiento, señor Nietzsche, la Justicia verdadera tampoco hizo acto de presencia, a lo sumo ademán de existir: la Justicia verdadera no existe en ningún lugar del mundo. La Reconquista es, por consiguiente, de orden perenne, como las aciculares hojas del abeto o el romero.    

La compasión que Nietzsche encuentra cabalmente situada dentro del cristianismo o, sin ir más lejos, en la premática de Schopenhauer, desde luego se la saca del bolsillo, o mejor aún, de la chistera.

Nietzsche no sabía un comino (Platón) de Metafísica; Nietzsche confunde la voluntad de poder con el afán del ánimo; Nietzsche trabuca aristocrático por decadencia, cuando en realidad lo aristocrático representa y de qué manera todo lo barriobajero del ser humano, como, por ejemplo: la guerra, la muerte, el amor, Dionisio, el flirteo, el macho alfa, el Superhombre, el poderío, el sí a la vida, la superación, la lucha, etc., todo esto huele, para mayor inri, a Nietzsche, a cristianismo, a hombre ejemplar, a marido, a Napoleón, a Hitler, a política, a Humanidad (que él escribía siempre sin mayúscula: craso error): todo eso es, señor Nietzsche, humanidad, absurda humanidad de género, sin mayúscula, o séase Actitud humana, y no Conjunto, Miríada o Estirpe humana, demasiado humana.

Todo eso es fruto de Sor Voluntad, señor Nietzsche, nada más y nada menos.

La Metafísica, desde luego no fue lo suyo.

Todo el mundo es bello, salvo la Humanidad. Esto confirma bien a las claras que la Realidad es creación nuestra, cognitiva realidad, subjetiva realidad interna, cerebral, cabalmente creada al efecto… Yo creo, y así lo manifiesto, que vivimos inmersos en el Mundo de una neurona ingente, en el Espacio de una neurona ingente, el Mundo que nuestras neuronas crean de forma y manera totalmente interna, totalmente subjetiva, completamente fuera de nuestro burdo alcance intelectual.

El famoso Velo de Maya y su “fantasía”. Esto es algo que se siente y no se sabe.

Nietzsche no leyó el Quijote, mucho menos a Calderón: esa exquisita sensibilidad que cualquier mostrenca quisiera poseer de buen grado.

Son tan pocas las mujeres verdaderamente femeninas, es una cualidad tan inusual, tan en diente de sierra, que no hago sino echarla de menos a toda hora… Supongo que mi Amada estará mejor sin mí. Es un consuelo.

Cuando Platón apenas si menciona a la mujer en toda su Obra escrita, por lo pronto está siendo ya cuarenta veces más Filósofo que Usted, señor Nietzsche, en tanto en cuanto aparte de suyo todo lo mundano, todo lo irreal, todo lo fantasioso, todo lo poético, todo lo religioso, todo lo “Voluntarioso”, centrándose de pleno en la impresionante subjetividad metafísica que comoquiera hace ademán de encerrarnos en su inescrutable Reino dijérase virtual, confinados en una representación ingente, una dimensión cabalmente creada al efecto. El idiota señor Kant, según vino a llamarlo usted, a la sazón intentó desgranar esa concatenación intrínsecamente cerebral, luego no estuvo por la labor religiosa, social, gregaria, amorosa, política, castrense, europea o psiquiátrica… La religión, señor Nietzsche, efectivamente reside en la plebe de los sentidos, como bien dijo Platón, tal como usted repitió y remarcó y exaltó en otro orden de cosas, dándole un sentido totalmente distinto y lejano del preceptivo, toda vez rebajado el enunciado a su psicológico nivel intelectual, siempre concerniente a las masas y tal y tal, a ejemplo de Gasset, Freud y ciento cincuenta aristócratas más que no vale la pena nombrar siquiera. España, a todo esto, funciona exactamente igual: siempre midiendo a la baja, todo lo mide siempre a la baja. Es una especie de tara intelectual que enhoramala alcanza a todos los estamentos y oficios.

Así que terminé de estudiar y analizar su famosa frase: “César Borgia papa”, enseguida me sobrevino la risa, que es la risa del agnóstico nato, del escéptico nato. Si usted acaso hubiera sido aquello que usted mismo se pensaba, esto es, Belcebú, desde luego habría salido de la Cátedra lo que se dice echando chispas, huyendo cual alma que lleva el diablo mismo. Cualquier Enciclopedia al uso lo anuncia a voz en grito. Así Schopenhauer.

Los Científicos tampoco conciben la Metafísica: luego no están suficientemente capacitados como para abstraerse de lo humano, demasiado humano. Viven, piensan, razonan, crean y hablan siempre por boca de Sor Voluntad, Sor Voluntad habita en todos ellos, impera sobremanera, están dominados, tajo parejo guiados por la ilusión de su propia sesera, su fe, su latir, su pulsión… Cuando Platón o el mismísimo Velo de Maya columbró, presumió la rémora que comoquiera tercia entre realidad objetiva y subjetividad digamos interna (y repito), Dios inmediatamente dejó de existir ya para los restos, es decir: el amor siempre religioso, el sentimiento siempre religioso, la humanidad (sic) siempre de índole religiosa, ora espiritual ora romántica y enamoradiza a más no poder, todo fantasía y devoción a espuertas, enhorabuena abandonó su ficticio hábito al uso, para entrar, de manera extraordinaria, en el profuso ámbito del conocimiento puro: yo, en mi ignorancia infinita, lo llamaría agnosticismo, aun siendo todos o casi todos ellos un hatajo de beatos ennoblecidos (leyendo sus prebendas, se diría que en aquella época no habían injusticias, ni miseria, ni hambruna, ni asesinatos de masas, ni censura, ni inquisición alguna: por lo visto vivían en un mundo del color de rosa, al igual que sucede hoy día con el grotesco y macabro consentimiento social, frente al extermino impúdico de millones y millones de niños inocentes: la plaga inmunda se conoce que nunca cambia de postura. Usted hablaba de lo aristocrático cuando la educación, la simple educación del personal, no existe todavía). Una iglesia en cada pueblo y ciudad del mundo, lo demuestra bien a las claras: lo mismo podría haber sido levantado un monumento a Hitler en cada pueblo y ciudad del mundo, que la Raza: nanay, flores, erre que erre, ni fu ni fa, -vuelta la burra al trigo-, y aquí no ha pasado nada… Lo del guión es para imitar su excelente Filología.

Nadie es más inteligente que nadie, lo que pasa es que la tiranía de la raza más demencial, impone su criterio, su Política de masas, sus inmundas Leyes, a la sazón estamos siendo engañados, estafados, sometidos por la tiranía de los enfermos, de los menesterosos, la codicia, la avaricia y el egoísmo imperan sobremanera: es la secta demencial, la berrea del amor, el afán de Sor Voluntad: la conjura de los necios y la gran alianza de lerdas: el desorden del mundo todo, los desordenados, los desequilibrados, los trastornados, los sin luces, las discapacitadas mentalidades de toda laya que no atienden a razones de ningún tipo. La plebe de los sentidos, efectivamente, siente, no piensa, no razona, no medita, no analiza, no recuerda, no colige las funciones intelectuales de la chilondra, y, por consiguiente, así de mal va el Mundo todo. Bien es verdad que podría ir peor todavía, lo cual ya sería aristocrático, religioso y nihilista, o séase gregario, negado de toda Metafísica.

El gen susodicho, llámesele como se quiera, a la sazón parece contraerse, mejor dicho, parece transmitirse por vía sexual. Cualquiera sabe. Eso ya es cosa de la Ciencia. No olvidemos nunca que la Naturaleza es el mayor Poder que existe, y para llevar a cabo su Sacrosanta Misión, tajo parejo tira y echa mano de todo tipo de trucos, así como artimañas y, tal la verdad, triquiñuelas de toda laya, cual si fuesen a devenir en zalagardas minuciosamente calculadas. Es más todavía: el ser humano aún no comprende que los temporales, las tormentas y los rayos, los terremotos, los maremotos y demás volcanes incandescentes, en conjunto son un Desprecio Natural, verdaderamente Majestuoso para con el “mal personificado”, una demostración de fuerza, un inabarcable toque de atención, en fin, una colosal sentencia de guerra que el tontaina ser humano, bobalicón como ningún otro ser del Cosmos, no percibe aunque lluevan sapos, rayos y culebras, aunque caigan chuzos de punta sobre el grueso de su sesera inmunda… ¡Pobre criatura, la Humanidad, totalmente ciega, sorda y tonta que no ve siquiera los clarividentes embates del Océano totalmente cabreado por mor de un solo bicho en liza!

 

La Naturaleza comparte con nosotros su opinión, nos enseña su punto de vista, nos muestra su machete argentado, nos envía a la ducha no en el mismo sentido que las cebras cabizbajas so la fresca lluvia de abril… Es decir: nos dice y demuestra cuán molestamos…

 

He ahí, pues, presentado, el colmo del mundo como Voluntad y Representación, es decir, estamos siendo echados a espuertas de nuestra propia fantasía, nuestro propio sueño (Calderón) nos repudia sobremanera. Otra prueba más que sumar a la lista ingente: Sor Voluntad, usando mi lenguaje, es una dimensión habitable, por así decir, la realidad conocida es el mundo ficticio de una dimensión habitable, aunque suene a chiste, no lo es: vivimos y morimos cabalmente inmersos en el espacio ficticio de una neurona ingente, es una frontera indeterminada, que nuestros sentidos palpan a oscuras, totalmente a oscuras. En rigor: solamente existe una realidad, una ficción, una dimensión, común para todo bicho viviente, común para todos y para todo: Todo, absolutamente Todo, está montado en la misma platea, representa la misma “función” de teatro, escenifica el mismo decorado, un solo decorado.

 

No comprendo como la Humanidad puede devenir religiosa. ¿Qué más da la voluntad de poder? ¿Qué más da que Schopenhauer fuera alemán, andaluz o esquimal? Si todos vivimos según dicta la Homilía Oficial… Todos tenemos nuestra buena parte de culpa… La Humanidad no es más cosa que el constante embrutecimiento de la Naturaleza.

 

Yo lo llamaría Crueldad consentida, peor aún, preconcebida de antemano. Hijos del Egoísmo, del concepto Egoísmo, somos fruto del Egoísmo, todo es fruto del Egoísmo… Es posible, quién sabe, que existan otras “Realidades”, otras “Dimensiones”,  otras “Invenciones” allende los topes y límites de nuestra imaginativa cabeza de chorlito, cabalmente supeditadas a la Bondad, a la Sinceridad, al Bien-hacer, a la Generosidad… A nosotros, desgraciadamente,  nos tocó el Concepto Egoísmo, escrito con enormes letras de molde, con letra de pendolista, sobre el epígrafe de un cartel ingente: mismamente ahí estamos encerrados de por vida, al igual que los pollos y las gallinas que, a todo esto, se piensan que amanece cuando el empresario de turno les enciende la luz a las tantas de la madrugada… ¡Qué barbaridad!

 

En calidad de humanos, no podemos vivir en un estadio de locura permanente, la locura no puede ser nuestro devenir, nuestro modus operandi, nuestro Sistema Social, Político y Religioso: esto, como quiera que se mire, es una aberración en toda regla contemplada.

 

Después de todo eso, tamaño despiporre, semejante cortejo sexual, anejo estadio inherentemente religioso, en efecto sobreviene la Metafísica de las cosas, algo muy superior a todo lo dicho por Usted, señor Nietzsche.

 

No se puede criticar e incluso denostar a los cuatro o cinco metafísicos de cuerpo entero que ha dado la Mujer, repito, la Mujer, dijérase a lo largo y ancho de la exigua Existencia Humana, entérese bien, señor Nietzsche, máxime cuando no se sabe una sola palabra de Metafísica propiamente dicha. Si usted acaso hubiera comprendido el verdadero significado de la palabra Metafísica, desde luego habría dejado de lado el Cristianismo, para centrarse en algo muy superior, v.g.: la Existencia.

 

Criticar e insultar una religión determinada, por lo pronto está pero que muy bien, debido principalmente al grado de enfermedad mental que la susodicha padezca o sufra o atesore, pero, eso sí, hay que hacerlo siempre con argumentos sólidos, y no con razones propias de un cura rebotado que no sabe de la misa la media, más que nada para que la secta antedicha al trasunto no salga un sí es no es victoriosa, toda preñada de insultos virtuosos y denuestos cabalmente cubiertos de laureles que en absoluto se corresponden con la tanto más que macabra realidad de la cruenta especie en cuestión, lo mismo rojos que azules, morados, verdes o amarillos. Amén.

 

Usted presuponía que los Filósofos son descendientes directos del Religioso, el tipo de hombre tanto más que elevado, en comparación con el religioso… ¿Comprende ahora la banalidad de sus propias palabras? ¿Comprende ahora la torpeza que encierra su concepto aristocrático, su voluntad de poder? Casi podría decirse, rizando el rizo, que usted, al fin y al cabo, toma partido por lo gregario, por la plebe de los sentidos, por el comunismo bien entendido, la masa voluntariosa y tal y tal… Tiempo ha, lo dije, y además lo tengo escrito y publicado: “El poeta es un filósofo sin coraje”, pues bien: a los Sacerdotes y demás panegíricos varios, les ocurre y acontece y pasa tres cuartos de lo mismo.

 

Cuando el ciego (el cristianismo) es tachado de daltónico, el particular se alegra enormemente; no sé si me explico con claridad, yo creo que sí. Esto, más que un insulto, parece un halago encubierto, creo yo.

 

Ahora bien: Nietzsche fue un genio, una gran persona, un sabio sin parangón alguno, la verdad es que hacía buena falta alguien así, alguien tenía que decir todo lo que Nietzsche pregonó a los cuatro vientos: la Humanidad, que está teniente perdida, además de inconsciente, enamorada de la vida (el 80% del Mundo es miseria, muerte, sangre, destrucción, asesinato, dolor, crueldad, injusticia de primer orden, desidia, hambruna, y, sin embargo, la Sociedad ejemplar se fija, está fija y centrada en el 20% restante, todo optimismo y buena voluntad, un mundo del color de rosa: yo creo, en cambio, que se trata de ceguera intelectual, de sordera intelectual, de inconsciencia profunda, tal vez neurosis, fijarse en una parte tan minúscula e insignificante, al tiempo que se desprecia e ignora y aparta de la realidad un porcentaje tan ingente, tan grande como una catedral: la TV se encarga de idiotizar al personal ya idiotizado de natural (últimamente, la susodicha es puro veneno; los Informativos son arsénico puro, cuando no escorbuto inoculado en sangre): es una especie de guardería infantil que nada sabe acerca de la vida o la muerte de sus congéneres, ignora la cruenta realidad del mundo, su melón de invierno no da para más, es una hipocresía sin igual: columbra la hormiga, y no ve, en cambio, el sinuoso elefante que está justamente al lado): luego necesita voceros que repitan una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, su monumental inmundicia de género y, aun así, la susodicha sigue inmersa en su entusiasmo infinito: de ahí el Quijote y su encantamiento.

 

Una vez superado el Pensamiento de Nietzsche, ya puede empezar la Filosofía. Su personalísima grandeza esconde un resquicio de frugalidad, de ingenuidad, de ambigüedad un sí es no es poética que los más avispados del lugar bien podrán utilizar en virtud de mayores empresas. Mas no confundamos los términos, ni tampoco pidamos peras al olmo.

 

Tanto la Humanidad como la humanidad, son vergonzosas y vergonzantes, a partes iguales. Cada día que pasa un tantico más que el puñetero día anterior. A la vista está la corrupción ingente de todo el personal Oficial, rayano en burda chabacanería de barrio. Menos mal que no hay mal que cien años dure. Demos gracias, pues. Desde este punto de vista, la muerte casi parece una salvación. Algún día, esperemos que lejano, por ventura la dicha dejaremos de ver cretinos, caraduras y actrices.

 

Usted hablaba de lo aristocrático cuando la mujer, que es la indivisible madre de la especie, repito, la condigna madre de todo hombre y mujer, aún continúa presa y confinada en un Guión Cinematográfico… La mujer, para su desgracia, vive totalmente inmersa en una función de teatro, no puede salir del mismo, no puede bajarse del escenario, está obligada a permanecer en lo alto del espectáculo, el hombre no está cabalmente preparado para contemplar su verdadera personalidad… Es un beato incurable.

 

La mujer tiene buena parte de culpa, en todo lo referente al mundo y su monumental desgracia infinita, mas no por mor de lo que hace, entiéndase bien, sino, exactamente, por todo aquello que deja de hacer, por todo aquello que deja hacer al hombre: pone el mundo en manos del hombre, por y para mantener así su sustento, su prole, su misión. Es decir: no toma las riendas del asunto, vive una vida que, en realidad, no le pertenece, no le atañe, no le incumbe: de ahí su eterno disimulo, su eviterno papel de marras. En nuestro mundo capitalista, consumista y contaminador, la mujer es cuarenta veces menos libre que la mostrenca mujer del desierto o la mostrenca mujer del terruño.

 

Cuando la madre del cordero se entere y por extensión descubra de qué va la Religión, la Política y la Sociedad que nos es propia, no sé qué demonios será de ella, tras haber perdido por el camino tantísimos placeres, así como el poco tiempo que dura una insignificante vida humana, toda ella encerrada entre el grueso de una neurona meramente funcional, eso es, funcional, todo Voluntad y Representación cognitiva, igualito que el Cinematógrafo pero en versión Empírica…

 

Cuando la mujer descubra a qué se dedica el hombre, cuando la mujer despierte del Histórico engaño, cuando la mujer deje de ser una vulgar hembra al uso del catre masculino, no sé qué demonios será del Hombre, de la Política, de la Religión, de la Sociedad, del Capitalismo, del Consumismo y del Egoísmo ingente: será algo así como el amanecer femenil: el fin del Patriarcado: quizá le dé por pensar, por elucubrar razonamientos, escribir Filosofía, pintar cuadros hermosos, forjar esculturas imperecederas, hacer bicicleta todo terreno, ser libre como el buitre leonado, la zorra, el hurón o la comadreja… Pero, claro, el hombre, a diferencia, posee la fuerza bruta y además resulta ser un asesino de primera división, un asesino federado, un asesino Catedrático, Enciclopédico, Institucional: la Creación no anduvo tonta, no, cuando hizo el empírico reparto de Poderes…

 

Nietzsche nunca supo que el amor, el , es la religiosidad de la raza, que la religiosidad de la raza humana reside precisamente en el amor: lo demás, lo demás es cuento chino, como, por ejemplo: Los Evangelios…

 

La lectura de Julio Verne, mil veces lo repetiré, al trasunto resulta mucho más agradable y distraída, y, por supuesto, tanto menos perjudicial para la sesera venida a menos, quiero decir, para las seseras religiosas que bajaron hasta la altura del ombligo o el bajo vientre…

 

Leer de cabo a rabo los Libros Sagrados, para mí, es lo mismo que ser alguien religioso. En esa clase de libros no hay absolutamente nada que leer. De verás que lo intenté en su día y, al trasunto, me resultó totalmente imposible, punto menos que imposible. Prefiero, con diferencia, el alcohol, el tabaco o las drogas.

 

La vil estafa que comoquiera perpetra el amor por doquier, Sor Voluntad, lo mismo en hombres que mujeres (algunos misóginos seguimos esperando a que la mujer, tras miles y miles de años, por fin pinte un cuadro que poder colgar en el Prado, si los Machistas nos dejan hacerlo, claro está: también podría hacer algo de senderismo y tal y tal), no así en animales y demás, donde el amor sí es bello, bien mirado el asunto, está pero que muy por encima de toda su Obra, estimado señor Nietzsche: yo, en mi ignorancia infinita, lo llamaría: Metafísica, o séase Algo que usted no coligió nunca, por eso tachó de nihilista a Schopenhauer y tal y tal. Todos esos nombres célebres que usted critica con absoluto denuedo, en realidad fueron cuarenta veces más agnósticos que usted, sin necesidad de insultar a ningún sacerdote insulso: ¡Bastante tiene ya el pobre hombre infeliz, cabalmente disfrazado por imperativa necesidad de paz y concordia, por y para que el religioso amor de la raza no le alcance de pleno!

 

La verdad es que los uniformes de toda laya, al trasunto tienen mucho efecto, eso es, mucho efecto, sobre el populacho que no sabe de la misa la media, de tal suerte que, los Medios le enseñan el paño que se gastan todos los corruptos habidos y por haber, durante todos los santos días del año, y el populacho, erre que erre, vuelta la burra al trigo, nanay, flores, luego no es menester recordarle todas sus obligaciones tributarias, o las leyes de postín, o las normas de Urbanidad que aquellos indecentes le imponen de soslayo, él mismo las secunda todas, las postula, las enaltece, las aprueba de buen grado, todo para su mayor desgracia, para engrandecer así su desgracia.

 

Usted, en ocasiones, no sabe muy bien de lo que habla, se fija y centra plenamente en el escaparate. Otros, en cambio, ven la tienda, la trastienda e incluso el patio trasero, justo allí en donde Sor Voluntad afila los utensilios de la matanza, que ya es, para más señas, Historia. Valga como chiste expresamente inmiscuido en el contexto al que se hace sinuosa referencia. Por cierto: cuando hablamos de Sor Voluntad, en ningún caso nos referimos a la mujer. Estamos hablando, antes bien, del amor, de la religiosidad, de la Fe que mueve el mundo todo.

 

Un solo aforismo de Nietzsche, de dos o tres páginas de grosor, ya reúne por sí solo un sinnúmero de personajes varios, quiero decir: Nietzsche escribe a discreción, esto es: una frase para solaz del genio; otra frase para solaz del necio; un poema para solaz de la mujer; un insulto para el cura; una incongruencia de primer orden para solaz del Científico loco; un absurdo para solaz de Catedráticos; un par de exclamaciones para solaz de la Gramática; tres guiones intercalados sin ton ni son, para solaz de los que se llaman Interesantes; dos puñaladas para solaz de esbirros varios; cuatro oraciones para solaz de adolescentes cohibidos… etc., etc., etc. He ahí, pues, venteada, la inteligente y sublime retórica de Nietzsche. No es el contenido filosófico de su prosa lo brillante, lo fundamental, lo categórico, sino la forma, el estilo, la manera brillante de decir de cuando en cuando algún que otro absurdo verdaderamente monumental, luego no es Filósofo, sino Filólogo, un experto Filólogo, un experto prestidigitador de la Filología, un excelente artista del lenguaje que lo mismo dice blanco que negro. Todo un prodigio en disparar a discreción. Sí señor. De no ser así, incluso hoy día estaría universalmente censurado por toda la Cátedra en pleno, tal como sufrieron mucho antes que usted tantísimos Espíritus Inmunes. El autor de “El lazarillo de Tormes”, no se atrevió siquiera a firmar su Obra. ¡Figúrese cómo está el patio del Colectivo!

 

Tampoco vale la pena suicidarse, por mucho asco que guardemos en depósito, por mucho asco que tajo parejo nos genere y provoque el Colectivo (?), máxime cuando en cosa de unos cuantos años moriremos igualmente, queramos o no. Además, vivir en un país totalmente plagado de trileros y estafadoras, todos inconscientes profundos, en ocasiones también puede resultar asaz divertido. Basta encender la Televisión para que todos los locos del mundo revienten de risa, por de tanta carcajada y asombro rayano en pasmo e impresión de índole cuasi traumática.

 

El instinto de conservación, unido al egoísmo infame y unipersonal, a la verdad está haciendo verdaderos estragos entre la Humanidad, por no hablar aquí del Planeta y más aún del Reino Animal: ¡Menuda losa les cayó encima, menuda condena, menuda maldición cayó entrambos géneros a todas luces inocentes!

 

Las “personas civilizadas y obedientes” suelen guardarse para sí todo el Pensamiento Crítico de que disponen. ¡Si serán egoístas!

 

Yo creo que todos los Poderes Fácticos nos inoculan su Psicosis: la Humanidad ha hecho del Mundo Todo un manicomio, una estafa puramente económica… Millones y millones de Computadoras vivientes, de Mutantes vivientes, de almas en pena, bregando contra un reducido grupúsculo de personas totalmente impresionadas, que no dan crédito a sus ojos, tanto menos que a sus oídos.

 

© José Javier Martínez Rodríguez.

 

esplinmartinez

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Escritor, filósofo de la vida, soltero, solitario, desempleado, ciclista BTT, ecológico, asqueado hasta la so-saciedad.
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