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Juana terminó su vida siendo la asesinada número 39 en lo que va de año. Pero la violencia de género va mucho más allá de la que ocurre dentro de una pareja

Pero 39 es el dato que el Ministerio de Sanidad contabiliza como asesinatos de violencia machista. Sin embargo, la realidad es otra muy distinta. Mujeres que ejercen la prostitución y mueren a manos de clientes, son víctimas de violencia machista. Transexuales que mueren por ser lo que son, también son víctimas de esta violencia. Limitar la violencia de género a espacios domésticos o de pareja, es literalmente intentar reducir el problema para hacerle menor. Para no ver una realidad que está ahí y a la que no se quiere responder. Términos como violencia doméstica o violencia intrafamiliar son solo eufemismos que estrechan el círculo para no contemplar que nos matan porque somos mujeres. Esa y no otra es la verdadera explicación.

6500075865_9d60ff0927_n[Tweet theme=”basic-white”]39. Violencia de género significa ejercer violencia sobre un género concreto. En este caso contra las mujeres[/Tweet].

En nuestro país cada año casi una cincuentena (algunos años se sobrepasa ese número) de mujeres son asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas. Por la única razón de ser mujeres. Mujeres que han soportado, incluso durante años, palizas, humillaciones, degradación, separación de su grupo de apoyo como la familia y los amigos. Mujeres que un día escogieron a una persona por que la amaban y se convirtió en su peor enemigo. Mujeres que llegaron a interiorizar que esa forma de vida era lo que se merecían. ¿Por qué? Pues por miedo. Miedo a ser tratada peor todavía, miedo a golpes, a patadas, a tortazos. Miedo por sus hijos, miedo por salir a la calle sin permiso, miedo a que la comida no estuviera a gusto de su pareja, miedo a gastar dinero, miedo al alcohol que volvía loco a su pareja, etc. Sencillamente miedo. A ellas, hay que unir a otro número importante de mujeres que son asesinadas en otros contextos pero que se engloban dentro de la llamada violencia de género.

Millones de mujeres de todo el planeta tienen miedo de forma permanente. Viven con él, les acompaña de día y de noche. Y vivir con miedo es la peor forma de vivir. Saber que cuando su pareja llegue a casa encontrará cualquier excusa para justificar el golpe, el grito, las palabras que les harán más daño.  Algunas tienen miedo a sus padres, hermanos o tíos. Tienen miedo a los hombres de sus vidas porque todos ellos ejercen algún tipo de violencia sobre ellas. Todas esas mujeres, tienen un nombre que, a base de convertirlas en estadísticas, se va olvidando, como si su existencia solo estuviera unida a la violencia. Son seres humanos con anhelos, inquietudes, ambiciones, sentimientos, ansias de vivir, que fueron maltratadas o asesinadas por la simple razón de ser mujeres.

El machismo es la supremacía de un género sobre otro. Punto. No hay que buscar más explicaciones. En todos los ámbitos de la sociedad, en todas las clases sociales y en todas las circunstancias vitales, somos testigos de hombres que tratan por todos los medios de establecerse siempre en una situación de poder, de dominio, de control. Desde creerse con el derecho a decirle a una mujer cualquier salvajada de tinte sexual, mientras ella camina libremente por la calle, hasta calcular su salario para que sea menor que el de un hombre. Acercarse excesivamente a una mujer en el metro hasta tocar su cuerpo sin que ella de permiso, hasta limitar el número de mujeres que puede haber en el consejo de administración de una empresa o de un gobierno. Hacer oídos sordos al NO rotundo en una experiencia sexual, porque una vez que ellos se excitan tienen que terminar aunque el acto pase a ser una violación, hasta adueñarse de la vida de ellas y terminarla cuando a ellos les parece necesario.

Muchas son las críticas que recibimos las mujeres que nos declaramos abiertamente feministas. Nos insultan, nos llaman feminazis, nos intentan colocar en la misma posición que los machistas. Es una tarea innecesaria, porque nunca dejaremos de luchar por los derechos que como seres humanos, están intrínsecos a nuestra naturaleza. El feminismo no mata, no hace daño a nadie, no acaba con la vida de las demás personas, no ejerce violencia ninguna. Solo busca que las mujeres seamos personas libres para decidir nuestra propia vida en igualdad de condiciones al otro género. No somos criminales por luchar por una sociedad más justa donde nosotras tengamos que vivir supeditadas a las necesidades, criterios o el capricho de un hombre. Y somos nosotras las que lo sufrimos. Los hombres que apoyan el movimiento, bienvenidos sean porque son necesarios para que los machistas se vayan quedando fuera de la sociedad y de su género, pero jamás podrán sentir lo que nosotras. Nos merecemos esta lucha porque es nuestra vida la que está en juego. Ser quienes queremos ser, cuando lo queremos, de la forma en la que lo queremos, donde y con quien queremos. Ser dueñas de nuestra propia existencia. Desarrollarnos hasta el límite que nosotras mismas nos impongamos. Pero vivimos en una sociedad donde hoy por hoy eso es imposible.

Las instituciones no están a la altura. Todavía ningún gobierno ha sido lo suficientemente valiente para plantar cara a la sociedad y luchar al lado de sus mujeres para cambiarla. Se justifican las decisiones judiciales que permiten que una mujer con denuncias por maltrato siga conviviendo con su maltratador. Las órdenes de alejamiento siguen siendo una farsa. A día de hoy, se dan casos de miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que no tienen la formación ni medios suficientes, no digamos ya la sensibilidad, para hacer frente a un problema de violencia machista.

Cada día o casi todos nos encontramos en la prensa con titulares de asesinatos, violaciones, algunas de ellas múltiples que además se publicitan en las RRSS para ser vitoreados por los muchos amigotes de los criminales, humillaciones, vejaciones de todo tipo. Pero lo leemos, nos indigna durante un rato y luego seguimos como si nada hubiera pasado. Los podemos insultar, rebelarnos, pero ahí se queda la cosa. La sociedad está interiorizando que los comportamientos machistas son normales, que poco a poco se va avanzando, que es cuestión de tiempo que esto se acabe. Pero no es así. Todo lo contrario. El avance de los comportamientos machistas se extiende en la adolescencia. Se perpetúa como un mal que va corroyendo la sociedad y la hace cada día menos igualitaria. ¿Cuántas jóvenes, con menos de 30 años sufren violencia de sus parejas? Control de su vida, de su ropa, de sus amigos, de sus salidas, de su vida sexual. Control, dominio, supremacía. Es decir, volvemos al punto de partida. MACHISMO.

399686498_e94dc0774aLa publicidad es una de nuestras peores enemigas. Estamos en el siglo XXI y las mujeres y sus cuerpos siguen siendo la mejor baza para el slogan que los ingeniosos publicistas pueden encontrar. Fotos de culos para hablar de móviles, mujeres desnudas o semidesnudas para vender un coche, comportamientos de sumisión y veneración al hombre para una colonia o un desodorante, son algo natural en los anuncios publicitarios, imágenes de felices amas de casa que disfrutan con una lavadora, un lavavajillas o contemplando sus cristales más relucientes que los de sus vecinas. El cine, con esos hombres aguerridos y valientes que siguen salvando damiselas en apuros como si fueran un Quijote más en busca de sus Dulcineas perdidas en el mundo, crea estereotipos de mujeres sumisas y hombres salvadores. Por no hablar de esas supuestas revistas femeninas donde los temas femeninos se limitan a la decoración, los niños o los problemas menstruales como si a las mujeres no nos pudieran gustar los coches, la tecnología, la política o cualquier otro tema.

Los gobiernos ni tan siquiera tienen en cuenta que seguimos cobrando mucho menos que un hombre en el mismo puesto de trabajo, que hay jefes que se refieren a sus empleadas con términos despectivos o sexistas. No se toman medidas para acabar con esos comportamientos. Y cuando los denunciamos, nos rebelamos, somos acusadas de exageradas, de que eso es algo puntual o que tampoco hay que darle mayor importancia.

La violencia y el machismo social tienen una importancia capital en la sociedad, porque las mujeres somos miembros activos y tenemos, sin ningún género de dudas, los mismos derechos que los demás. No somos el sexo débil, porque tenemos que sobreponernos todos los días a ser tratadas como ciudadanos de segunda y como meros objetos sexuales para deleite de algunos. Nuestra vida es una lucha constante contra el muro de una sociedad que quiere (o al menos una parte de ella) que sigamos siendo unos bonitos floreros al lado de un hombre.

Nunca dejaremos de luchar. Estaremos ahí cada día, cada mañana, para recordar que tenemos derechos y que no hay ningún hombre que pueda robarnos lo que es más nuestro que nada: nuestra propia vida.

belentejuelas

Me gusta ser diferente. Feminista, atea, de izquierdas. Baloncesto. Autora de "El Espejo"
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