Bárcenas: la charlotada

La comisión de investigación sobre la financiación ilegal del PP, se ha convertido, como era previsible, en una charlotada. Y no viene sino a demostrar que la democracia española es otra charlotada. Por mucho que se empeñen los padres de la patria y valedores de la Constitución en querer hacernos creer que nuestra democracia es como el resto de democracias europeas.

A lo nuestro no se le puede llamar democracia. Lo nuestro es un juego de trileros, donde siempre ganan los mismos y pierde la ciudadanía. ¿De qué sirve una comisión de investigación si el investigado puede negarse a responder  las preguntas? Las comisiones de investigación se idearon para hacer creer a los ciudadanos que el Parlamento, o, lo que es lo mismo, lo que debería ser el órgano que  los representa, posee el control político y tiene algún tipo de potestad sobre las irregularidades de las cosas públicas. Una falsedad como otras más de nuestra mal llamada democracia – por poner un ejemplo, las sesiones de control al gobierno.

Todo está ideado para parecer que se es, sin ser. Para dar la imagen de que se es una cosa, siendo otra, sin ir más lejos, lo que existía antes de la Constitución del 78, un poco más sofisticado y con apariencia de otra cosa, pero, al fin, y al cabo, lo mismo. Para llevar a un grado superlativo la semejanza, sin que la mayoría sea capaz de percibirlo, se idea la Ley Mordaza, un acercamiento brutal a la época franquista.

Si las conclusiones de una comisión de investigación nos son vinculantes en ningún grado, y con ningún órgano judicial, ¿para qué sirven? No dejan de ser un teatrillo, un sainete para que la opinión pública disponga de algo con lo que dar de comer a su voraz clientela.

Esta es una más de la ingente cantidad de cosas que deben cambiarse del sistema. Una comisión de investigación debería ser algo mucho más serio, vinculante con los procedimientos judiciales, sirviendo de prueba si existen procedimientos abiertos o abriéndolos, si no lo estuvieren. Además, los integrantes de la comisión deberían tener medios en abundancia para poder realizar la misma, y tanto los investigados como los llamados a declarar por ser conocedores en parte, o en la totalidad, de los asuntos que se traten, deberían estar obligados a responder, con sentencias condenatorias estrictas y duras si no lo hicieren.

Todo lo demás es el númerito de la cabra. Y así no vamos a ninguna parte, sino a ser lo que tanto tiempo hemos sido: el hazmerreir de Europa.

vichamsan

vichamsan

Escritor. Dos novelas publicadas. Finalista Premio José Saramago de Narrativa
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