Ceguera y Aborregamiento

Una parte significativa del ser humano vive preocupada por el cambio climático, con la consecuente desaparición de miles de especies, así como el fuerte impacto en los hábitats de la propia especie. Mientras tanto, otra porción de la humanidad que se caracteriza por el aborregamiento irreflexivo y el sometimiento interesado a unos dogmas terriblemente desfasados en el tiempo y geográficamente desubicados, niega tanto el cambio climático en sí como, sobre todo, que la influencia del ser humano sea su principal causa.

Aun cuando esto último fuese cierto, el sólo hecho de saber que se está produciendo, y de conocer los medios para paliar sus efectos, deberían ser suficiente razón para tratar de poner en marcha planes de contención de la subida de la temperatura media del planeta.

De igual manera ocurre con el alcance de los cambios sociales que a nivel mundial se están produciendo actualmente.

Aunque no hubiera guerra en Siria, ni en Yemen, ni ningún otro lugar del mundo, y aunque jamás hubieran cobrado tanta importancia internacional el Daesh (término que desapareció tan repentina y drásticamente como había surgido) y Al-Qaeda, lo cierto es que existen tres factores fundamentales que están desencadenando una revolución de alcance mundial como jamás antes había ocurrido.

Por una parte, el citado cambio climático está destruyendo la habitabilidad de ciertas regiones del planeta, las cuales serían viables para mantener a una pequeña población, pero ante el empuje demográfico creciente se ven deficitarias de recursos; y van a ser deficitarias con toda seguridad en algún momento a medio plazo, dado el citado crecimiento demográfico.

Por otra parte, la rápida progresión de los avances tecnológicos, fundamentalmente en dos áreas, las telecomunicaciones y la robotización, está generando nuevos retos económicos a los que el actual sistema capitalista no es capaz de dar otra respuesta que el aumento de la acumulación de riqueza y de recursos, tanto naturales como, podríamos decir, productivos, en manos de una parte cada vez más reducida de la población mundial. Además, los citados avances en las telecomunicaciones están permitiendo que individuos de todo el planeta que no se conocían de nada, personas que hasta ignoraban mutuamente la existencia del otro, se pongan en contacto directamente e intercambien informaciones, opiniones, datos reales recogidos, por así decirlo, a pie obra, pasando por encima de idiomas, y no digamos de fronteras, de naciones y, hasta cierto punto, del control gubernamental de las comunicaciones.

Finalmente, la creciente población mundial, que ignoro si alcanza ya el rango de insostenible, aunque sin duda se la podría calificar de plaga desde el punto de vista biológico, pero la cual antes o después, más pronto que tarde, terminará por resultar ciertamente insostenible para los recursos del planeta, especialmente si éstos no se tratan y gestionan con la mesura y eficacia necesarias.

Esta revolución “natural” de la organización humana implica una serie imprescindible de profundos cambios de alcance mundial a los cuales la población de los distintos países está respondiendo, en principio, de forma local, esto es, nacional, y de manera inconexa en cada uno de los factores afectados, como si, por ejemplo, los grandes desplazamientos de población que el cambio climático va a provocar no tuvieran nada que ver con la pérdida de empleos debida a la robotización, ni con la concentración de riquezas con la que los grandes amos del capital pretenden hacer frente al ocaso del sistema capitalista, ni ésta última con la desaparición de algunas medidas de protección social a la vez que se anuncia el impulso de otra medida, enmarcable en el mismo sector de la protección social (esto es, la renta básica universal), pero que no dejan de ser las migas que se lanzan a las ratas para que peleen por ellas.

El pueblo, y por pueblo me refiero no a la población de un país, sino al conjunto de la humanidad que vive ajeno a las torres de marfil donde se refugian los individuos que concentran más riquezas, se contenta con salir a la calle de su ciudad ocasionalmente, como si con ello fuese a influir decisivamente en los cambios que inevitablemente han de producirse; o envía mensajes electrónicos que provocan una oleada de respuestas, apenas un círculo de ondas que desaparece en horas sin otro efecto que el de unirse al maremagnum de datos que justifica los ingresos de diversas empresas tecnológicas y quizá alguna otra. O como mucho presentan una iniciativa local, regional, o nacional en el mejor de los casos, pidiendo una medida paliativa, como quien toma una aspirina para curarse un cáncer.

Sabemos que en varias décadas los robots habrán enviado al desempleo a decenas de millones de personas, el cambio climático habrá provocado migraciones masivas de una intensidad como jamás nadie pudo imaginar, y la cerrazón de la clase dirigente, de la casta, o de como os salga de las gónadas llamarla, habrá devastado la economía de regiones planetarias cada vez mayores, llevando al límite a miles de millones de individuos que se disputarán entre sí los decrecientes recursos con una creciente agresividad, violencia, falta de empatía…

Entonces vemos a un gañán con nombre de pato y creemos que eso es lo peor que nos puede pasar. O a un gañán futbolero barbudo y desgarbado señalando con el dedo a otros tan inocentes y víctimas como nosotros mismos, y nos ponemos de perfil y pensamos “Virgencita que me quede como estoy”.

Pues bien, os lo voy a decir despacito para si lo entendéis:

Da igual si esas muchedumbres de asilados huyen de la guerra, del hambre, o de los pedos de sus conciudadanos: personas de orígenes muy distintos van a buscar su sitio entre quienes no nos podemos quejar de cómo vivimos al día de hoy. Y en cuestión de varias décadas no van venir por cientos, miles, o cientos de miles, sino por millones.

Da igual dónde hayan nacido, o a qué figura mística dirijan su fe, su necesidad de creer: tan humanos son como nosotros, y tanto derecho tienen, por el mero hecho de ser humanos, de recibir el mismo trato que los nativos, como nosotros.

Da igual si hay o no empleo para todos: formamos parte de una comunidad que debe organizarse, gestionar recursos, naturales o no, y cubrir las necesidades de todos sus individuos, y para ello hay que permitir la participación de todos tanto en las decisiones colectivas como en el acceso a los recursos, y al mismo tiempo todos los individuos han de ser corresponsables tanto en la gestión como en la obtención de esos recursos. Esto es, tanto en el disfrute de la “protección social”, y lo entrecomillo porque al ser algo generalizado ya casi no será necesario ese nombre, como en el trabajo necesario para obtener el patrimonio común o en el cuidado de éste.

Todo ello implica reformar en el papel y, sobre todo, en nuestras mentes, los conceptos de “estado”, “nación”, “empleo”, “dinero”, etc.

En definitiva, ceguera y aborregamiento son las dos enfermedades endémicas que ha ido desarrollando la humanidad a lo largo de su historia; pero ya es hora de abandonar nuestro animalismo irracional y adoptar una posición de madurez como especie que nos lleve a afrontar como individuos nuestras responsabilidades para con los demás. En consecuencia, si no queremos enfrentarnos a un futuro en el que bandas criminales asalten las viviendas a bordo de coches voladores para violar, asesinar, torturar y robar lo poco o mucho que haya en el lugar, en el que la educación fuera de los estrictos cauces oficiales sea clandestina, la sanidad sea un sueño para quien no forme parte de las pocas urbanizaciones blindadas por tierra y aire, mientras resulta de ensueño para los pobladores de las mismas, y la justicia resulte una quimera, más vale que nos arranquemos esta maldita piel de borregos y estos inútiles ojos que tanto nos ciegan. Y más vale hacerlo pronto, ya, porque los cambios legislativos y organizativos ajenos a nuestro control no dejan de producirse, por no hablar de la degradación medioambiental; y hemos de hacerlo en estrecha colaboración con nuestros iguales de todo el mundo, o no habrán servido de nada miles de años de evolución social, cultural y tecnológica. He dicho.

 

Sinelo1968

Sinelo1968

Fan del conocimiento y de la belleza; y de la belleza del conocimiento, y del conocimiento de la belleza. Ya sabes de lo que carezco.
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