En la violencia machista, ¿Se actúa sobre el sujeto equivocado?

Caso real. «Cada vez que suena el móvil, a pesar del tono, el corazón se me acelera; el aire no parece entrar en mis pulmones; un nudo me desgarra la garganta. La mente parece querer escapar de mi propia cabeza. Nadie puede imaginar que un dispositivo que ha de protegerme, en realidad, me quita años de vida.» Así describe su día a día una mujer maltratada tras haber puesto un dispositivo de seguimiento a su agresor.

Los brazaletes telemáticos son dispositivos que se aplican a casos calificados de riesgo alto o extremo. El juez decide su uso como sustitutivo a medidas privativas de libertad. El dispositivo alerta de inmediato el incumplimiento de las medidas de alejamiento.

La efectividad de los dispositivos, ¿es la esperada?

Tanto las órdenes de alejamiento como los brazaletes telemáticos son herramientas que se utilizan como medidas de disuasión. No resultan eficaces si el denunciado no está dispuesto a acatarlas y/o no se reconoce como autor de malos tratos.

Son las víctimas de violencia machista quienes sufren las consecuencias de que el acusado no respete las sentencias. Las empresas no aceptan ni toleran que un trabajador sea interrumpido frecuentemente con llamadas de avisos en horario laboral. La damnificada ha de cambiar con frecuencia de trabajo. Si el agresor se acerca lo suficiente a su víctima, no importa la hora, ésta es alertada convirtiendo las noches en una pesadilla.

Son mujeres que viven aterradas ya que las amenazas son muy reales. Si el maltratador no ha llegado a violentarlas, agredirlas, en ninguno de los avisos, no sirve de nada denunciar esas constantes advertencias. El agresor siempre encuentra excusas para justificar los acercamientos.

Víctimas que han de estar en continua alerta. Eso les provoca mucho estrés, impotencia, angustia. Declaran que eso no es vida. Llegan a lamentar el haber denunciado. Se sienten contrariadas, atormentadas, defraudadas, desalentadas. No ven ayuda real, al contrario. Dejan de creer en el sistema judicial.

El agresor ha encontrado otras formas de maltratar a la víctima a pesar de llevar el dispositivo telemático. Ya no sólo acercándose a una zona prohibida. También pueden dejar que se agote la batería del dispositivo, manipular o, a pesar de ser muy complicado, pueden romper el brazalete. Separar la pulsera del dispositivo GPS. Cualquier fallo o incidencia del aparato, provoca que la víctima sea avisada y se le solicita que se encierre en su domicilio por precaución.

Desde fiscalía han llegado a decir que los dispositivos electrónicos están obsoletos y no son útiles.

¿Cómo valoran los expertos las medidas actuales?

Eva Salazar, coordinadora del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), afirma: «Este es de los pocos delitos en los que escondemos a las víctimas, sacándolas de sus casas y de sus vidas. Deberíamos poner en marcha medidas más contundentes relacionadas con el agresor

La composición de esta imagen ha sido realizada por @xCapiManda, Gracias

Una de las medidas que están dirigidas a los maltratadores por violencia machista son los programas de rehabilitación «terapia psicológica». Jorge Freudenthal, responsable del programa de rehabilitación de Gakoa, junto a Sergio Ruiz Arias, Luisa Nieto y muchos psicólogos terapeutas de condenados por violencia de género, coinciden: «Si no atajamos a uno de los agentes principales que es el hombre, es imposible reducir la violencia machista.» Freudenthal parte de la base que el maltratador no se puede curar porque no está enfermo. En todo caso es la sociedad la que está enferma. La terapia les ayuda a evolucionar y comprender que han de luchar contra esas actitudes tan interiorizadas.

Los terapeutas explican que es una violencia sistemática machista, de control y dominación. Una gran mayoría de acusados no se identifican como agresores. Rechazan la terapia y no comprenden por qué han de ser tratados. Se llegan a considerar las verdaderas víctimas que son juzgadas injustamente por las leyes. Están convencidos de que todas sus actitudes y acciones son provocadas por causas externas.

La Doctora, Investigadora, Profesora titular de Psicología de la Universitat de les Illes Balears, Esperanza Bosch, asevera: «No estoy de acuerdo en que estos hombres sean víctimas de nada. Hay varones que han crecido en entornos muy machistas y no son maltratadores. Los violentos eligen serlo. El hombre que golpea es consciente del daño que hace. Si todos reprodujésemos comportamientos seguiríamos viviendo en cuevas.»

Elena Terreros, Terapeuta Gestal: «La violencia de género es un problema social. La sociedad debe implicarse.»

¿El problema sólo lo genera el maltratador? 

La base del problema es un sistema de creencias y el maltratador recibe una estimulación externa que refuerza su machismo. Son formas de comportamiento nocivas y dañinas para todas las partes.

Leyes, políticas y educación van de la mano. ¿Qué interacción política va en la dirección de solucionar los problemas que ocasiona todo maltrato?

Si se pretende una implicación de la sociedad para afrontar la realidad, desde los medios de comunicación, campañas de publicidad, políticos y sus políticas, se ha de cambiar la perspectiva. Interpelar al sujeto que realiza la acción. Poner el foco y la mirada en el depredador, el maltratador. Que quien no se sienta identificado con ese tipo de comportamiento lo señale. Lograr que aquel que tenga conductas machistas; que manipule, controle, someta, maltrate emocional y/o físicamente a su pareja, a cualquier mujer, sienta vergüenza y rechazo por esa actitud y busque corregirla.

El sujeto del problema nunca son las víctimas, por lo que no han de ser el centro de la polémica. No han de ser las que se recluyan. Ellas han de ser escuchadas. Es fundamental ser conscientes de que se las sigue maltratando después de separarse y/o denunciar a su agresor. Han de poder hacer sus vidas y sentirse protegidas, tranquilas y seguras.

«El dominar a la mujer llegó a ser un signo de prestigio social, ¿quiénes lo pretenden prolongar y por qué?”

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