Hogar

Todos sabemos que uno de los puestos de trabajo más recurrentes para las mujeres es el de empleadas de hogar. Y si se es emigrante mucho más.

Las empleadas de hogar tradicionalmente casi no han sido ni consideradas trabajadoras, ya que damos por hecho que cualquiera sabe limpiar, cocinar o ir a la compra, y que las personas que se dedican a eso lo hacen para sacarse un dinero que ayude, pero que no son el sustento de una familia. Dato falso. Millones de mujeres en este país, han y siguen manteniendo a toda su familia con su trabajo en el servicio doméstico. Las famosas chachas han tenido que echarse la vida a la espalda y tirar para adelante con hijos, nietos y maridos en paro cuando llegaron los momentos de crisis. La sociedad tiene una deuda enorme con ellas y no hablo solo de dinero.

Decimos que todos sabemos limpiar y es falso. No todo el mundo sabe, pero se puede aprender como todas las cosas de la vida. Uno puede considerarse un poco inútil, si aun teniendo un empleo remunerado de alto copete y un salario espectacular, no sabe plancharse una camisa o hacerse una comida decente. Ser independiente engloba una gran cantidad de tareas, incluido cuidar físicamente de nosotros mismos. Pero cuando se llega a un estatus social, entendemos que nosotros no nos vamos a rebajar a pasar el aspirador o limpiar los cristales. Para eso está la “chica” o “la mujer que nos ayuda en casa”. A mí no me parece mal que alguien contrate a una persona para que haga las tareas domésticas de su casa, siempre que lo haga con las condiciones laborales y salariales justas. Que se le trate con la dignidad que todo ser humano merece y todo empleo conlleva y que en ningún caso sea objeto de explotación.

Los derechos laborales de las empleadas de hogar distan mucho de ser los mismos que cualquier otro empleado y teniendo en cuenta que es un trabajo mayoritariamente femenino, aumenta las desigualdades laborales entre hombres y mujeres,  además de incrementar el porcentaje de trabajo femenino englobado en la baja cualificación.

Todo esto hace que las mujeres que se dedican al servicio doméstico sigan siendo objeto de explotación  por parte de empresarios y de discriminación por parte de la sociedad.  Todavía queda mucha gente que trata a las empleadas de servicio domésticos como criadas. Se creen los nobles de “Arriba y abajo” y con su trato denigrante marcan la diferencia social entre empleado y empleador.

Socialmente hablando es un trabajo tan digno como los demás, económicamente debe ser remunerado con un salario equivalente al esfuerzo requerido y al beneficio que genera en el empleador y hay que valorar la profesionalidad que se precisa. Es tarea de todos dejar de considerar a las empleadas de hogar, como ese alguien que hace lo que nosotros no queremos hacer. Ellas hacen un trabajo. Como el nuestro. Igual de válido que el nuestro.

Hoy mi relato va de las empleadas de hogar y de cómo se vive siendo una. Como siempre es ficción, pero eso no implica que cuente una realidad. Espero que os guste y me deis vuestra más sincera opinión.

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Me gusta ser diferente. Feminista, atea, de izquierdas. Baloncesto. Autora de El Espejo.

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