Hoy pintan bastos

    La incongruencia propiamente perpetrada por maese Nietzsche, en principio salta a la vista, máxime cuando intentó codiciar sobremanera la mal llamada voluntad de poder; por lo tanto, la salvedad antedicha es, cuando menos, impresionante, así como palmaria y, por lo demás, descomunal; y ya, cabe en última instancia –tal como él mismamente decía–, quién sabe si la rémora en cuestión no viene a ser incluso una actitud de tercera clase que asimismo podría estar forjada conforme a un error de primerísimo nivel, quizá porque la mayor y más grandiosa voluntad de poder que hasta ahora ha existido por entre las espinosas fronteras del impetuoso ajuar humano, ni de lejos fue la categórica voluntad de Bonaparte y luenga compañía, sino la voluntad misma del ser humano que a la sazón deviene luchadora a más no poder, por cuanto nace, vive y muere en permanente litigio, tal vez desde siempre, desde tiempo ha; y aunque este último presente sea precisamente el motivo por el cual la voluntad humana siempre propende a ir contra la suprema libertad del individuo, contra la excelsa inteligencia, contra la conspicua verdad del mundo todo, contra la insolente sinceridad, contra la dicacidad literaria, contra la innegociable justicia empírica –ya que no española–, contra la ascesis personal, contra el genio de marras, contra aquel espíritu inmune que a propósito reniega de todo lo falso, y por supuesto contra el muy saludable estado de cuerpo, espíritu y mente, aun así suponemos de viso que Napoleón, a tenor de todo lo dicho, ni de lejos vino a tener enemigos tan combativos y pertrechados como la recién mencionada voluntad, usted ya me entiende, Maese Lector, mas en caso de no ser así, pues entonces, aún podría decirle a usted, que aquel andoba en cuestión, desde luego no tuvo la, no sé si decir suerte o fatalidad, de encontrar quien lo abriera en canal y además de un solo tajo, sin duda maestro y, por lo demás, certero: fuera cosa, misterio o gravamen que cualquier asesino en masa, al trasunto merecería sufrir a todo pasto, principalmente para honrar así la postulada ley de la compensación y, de paso, vanagloriar la sufrida justicia empírica (reyes, príncipes y generales punto menos que tarados, situando miles de vidas humanas en juego, ya sean soldados, ciudadanos, campesinos, mujeres, ancianos o niños famélicos completamente indefensos: sin comentarios que valgan). Y, sin embargo, el guerrero señor Nietzsche, en calidad de espíritu visiblemente enfermo de poder, afectado de poder, atacado de poder, en efecto soñaba con ser un vulgar y mediocre (superhombre) Napoleón al uso del más bélico jaez hasta entonces conocido: pese a ser el mismo imperativo categórico que la hipócrita e hipocrática Orden Aristocrática, de por siempre ha intentado ejercer sobre el vellocino del indocumentado pueblo chico, toda vez soñado, imaginado y columbrado entre capa y espada, y por mor de aquesta razón, todas las enciclopedias escolares y demás libros al uso digamos gubernamental, enhoramala rebosan cientos y cientos de retratos cabalmente pintados en pantomima: ¡La ingente cantidad de vidas humanas que a cercén y por capricho habrán suprimido todos esos retratos punto menos que impúdicos, aun siendo los auténticos verdugos de la tronchada y quebrada y mancada evolución intelectual!: he ahí, pues, descrito, su mayor cometido en la vida, esto es: quebrar, más aún, quebrantar la tendencia alcista de la inteligencia y, al punto, comportarse tal como la mujer postula, pretende y desea que se haga, es decir, instintivamente, siempre tan diligentes y circunspectos, cuan malvados y mesiánicos, siempre metidos entre pitos y flautas, entre guerras y condenas, entre castigos y asesinatos, entre culebrones y desventuras, entre conquistas e invasiones y sometimientos varios, casi todos sin causa aparente…, salvo la prosecución del amor a la vida, el amor del malhechor, el deseo del malhechor, la voluntad del malhechor, llámesele patriotismo, afán de poder o, más concretamente, sonambulismo de pronóstico un sí es no es grave; cuanto más que los tiranos, los perturbados y todos los criminales de tomo y lomo, de por siempre han estado bien vistos, luego en calidad de bienquistos, y de hecho siguen estando en boga, en liza y en el más preciado candelero bautismal, las más veces entronizados de natural, llegando a ser incluso la flor y nata del mundo académico, ¡arsá pilili!, cualesquiera que sean sus crímenes, sus aberraciones, sus atrocidades y sus depravaciones varias: así el cristianismo, así la monarquía, así la democracia, así la dictadura, así el capitalismo, así el comunismo, así el socialismo, así el nihilismo… Ya lo dijo el hombre inmune: “La demencia adolece de memoria”, apostillando las sapientísimas palabras de Schopenhauer, y por eso mismo se repiten una y otra vez las guerras, los gobiernos infames, las leyes endogámicas, los estados capitalistas, los paraísos fiscales, los presidentes usureros, las homilías religiosas, las injusticias sociales, las cacerías vergonzantes, los incendios forestales, los ingeniosos viajes a la Luna, la cabeza a pájaros…bastos

Así pues, en calidad de señores generalmente aclamados por la muy sacrosanta Historia, conforme a ello nunca han dejado de lucir su vergüenza, toda vez enmarcados entre las cruentas páginas de todas las enciclopedias ESCOLARES (creando escuela y sentando cátedra) que, a propósito fueron, sin temor a equivocaciones, ¡indiscriminadamente escritas al uso de la extraterritorial maldad de género! Luego es descomunal y gigantesca la patraña armamentística, y monumental la perversidad estatal, y universal el multitudinario partido de la tiranía. Repárese en la inverecunda actitud que últimamente está demostrando tener el muy zalamero político español, y conforme a ello sabrán que no miento nunca, puesto que no me salgo ni un solo ápice de la cruda realidad que, al decir de Kant, nos es propia: a la vista están todos los caciques de antaño, propiamente presentes hogaño. Cuando el señor Aristóteles tachó de demoníaca la Naturaleza, no se equivocaba no, sobre todo la naturaleza humana. Al no haber tales carneros, esto es: la memoria, el remordimiento de conciencia y el sentimiento de culpabilidad, se amontonan las desdichas, una tras otras, con breves intervalos de tiempo, entre los cuales el mundo por fin consigue vivir en paz, poco antes de que cante el gallo su eviterno quiquiriquí.

He ahí, pues, venteada, una de las rémoras más destacadas y destacables de Nietzsche: la incesante búsqueda de un enemigo harto común con el que poder batirse a ultranza, siendo la hojarasca el sangriento campo de batalla en lid, y, a decir verdad, casi hizo bien eligiendo al contrincante más gregario y numeroso, o sea el doliente cristianismo de marras (la voluntad de perseguir), aun siendo el adversario más tullido de todos, o al menos el más tullido de los cuatro enemistados acérrimos que a la sazón tiene registrados la combativa y persistente República de las Letras: cualquier andoba que instante tuviera dos dedos de frente, y verse muy entre nosotros los inmunes, bien podría enumerarlos de carrerilla, cuando no, de p a pa, hasta de memoria podría citarlos en sucinta o secunda retahíla alfabéticamente ordenada, pero, eso sí, hágase siempre por lo bajini, puesto que la gran cerrazón encubierta, por desgracia no conoce más cera que la que arde precisamente en el candelabro de la mesnada mal constituida, siquiera sea el reflejo de la onerosa voluntad mal intencionada y, a mayor ahondamiento, incluso la ataraxia mal entendida, es decir: los estadios neurasténicos rinden esplendor y pleitesía a la inconsciencia, y la inconsciencia, en calidad de atonía, transida de pena y afectada de dolor, tajo parejo da lugar a la demencia propiamente dicha, por lo que todo queda en casa y Dios en la terraza de todo quisque, un piso más abajo de la coronilla, es otro decir: no hay vuelta de hoja, predicar en el desierto, hablar para sordos, platicar con la pared, ir a mear y no echar gota, estar en Babia, incluso ser, en lugar de persona o mujer, hembra, y ser, en lugar de persona u hombre, macho, macho ibérico, macho de pelo en pecho, tan hecho y derecho, cuan yerto y erecto: las medallas, las insignias y los monumentos levantados al valor (?), ya vendrán después, y el domingo a misa de 10 a.m., y por la tarde, al fútbol, a decir tacos, quemar adrenalina y achicar ingentes dosis de salvajismo punto menos que descerebrado. Y los demás, entre los que me encuentro, ¡si será posible que hayan individuos así!, mientras tanto leyendo libros de Cela, Verne, Sue, Simmel, Laiglesia, Larra, Delibes, Baroja, Márquez, Harold Robins, Blasco Ibáñez, Bécquer, Gasset, Nietzsche o Schopenhauer, desde que tenemos uso de razón… ¡Mala puñalada nos peguen por la espalda los traidores de la inteligencia, los edecanes del instinto, las impostoras de la metafísica humana!

 

”El hombre inmune”, artículo nº. 76.

© José Javier Martínez Rodríguez

esplinmartinez

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Escritor, filósofo de la vida, soltero, solitario, desempleado, ciclista BTT, ecológico, asqueado hasta la so-saciedad.
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