El iceberg y la extraña ley del embudo

Todos sabemos, o hemos oído alguna vez, lo que es la ley del embudo. Es decir, el lado ancho para mí y el estrecho para los demás. El Partido Popular ha logrado en poco tiempo convertir nuestro día a día en una ley del embudo, cuya parte estrecha se encoge paulatinamente y la ancha se desboca.

El Partido Popular español, es con diferencia, el partido más corrupto de todos los partidos políticos de los que conforman el panorama europeo actual. Me aventuraría incluso a decir que es el mayor corrupto de la historia de la democracia europea. Sin embargo, en España, seguimos teniéndole en el gobierno, además, una gran parte de la ciudadanía les apoya tan incondicionalmente que se cierran los ojos, se mira para otro lado y se continua viviendo como si tal cosa ante un partido al que se podía considerar ilegal en todo su conjunto.

Y aunque todo esto pueda resultar escalofriante y de miedito pensar que hoy se cuentan por cientos los imputados, que entre ellos haya ministros, presidentes de CCAA, presidentes de diputaciones y alcaldes, o que los millones defraudados y estafados a la ciudadanía se cuenten por miles, sin embargo, para algunos de nosotros, esto es solo la parte visible del iceberg pepero, que como todos sabemos supone solo un 20% aproximadamente de su tamaño. Es decir, el 80% del daño que están dispuestos a infringir a la sociedad, está oculto.

El PP está logrando deteriorar la sociedad hasta hacerla irreconocible. Desde que Mariano Rajoy y sus colaboradores llegaron al gobierno, de una forma paulatina, todas las instituciones del estado se han degradado hasta el punto de ser meras marionetas en manos de un consejo de ministros que ya le hubiera querido Franco en sus mejores momentos.

Una de esas partes sumergidas del iceberg, es la injusticia. A día de hoy no solo tuiteros o titiriteros son motivo de investigaciones judiciales o incluso sentencias condenatorias con prisión o inhabilitaciones longevas. El poder que el gobierno ejerce en su manipulación es la ley del embudo. Todos los días somos testigos en las redes sociales (esas mismas que llevaron a tuiteros ante los jueces por 140 caracteres) amenazas literales, amenazas de muerte incluso a personajes que públicamente hayan demostrado su animadversión al PP o sus políticas. Estos últimos días lo hemos visto con Cristina Fallarás. Sin embargo, desconocemos si algún juez de la Audiencia Nacional está llevando a cabo alguna investigación, para saber quién o quiénes son los responsables de tuits donde se amenaza a la periodista o a sus hijos con textos de asesinatos y con imágenes de armas de fuego. Pero claro, Cristina Fallarás, no es de las personas que opine igual que el gobierno. Expresa su rechazo al PP y sus políticas constantemente. Para muchos jueces y para muchos ciudadanos, esas amenazas son el resultado de sus palabras y tendrá que apechugar con ellas. Si formara parte del Hogar Social de Madrid, de la Fundación Francisco Franco o publicara sus ideas y pensamientos en periódicos o televisiones afines al régimen, la cosa sería muy diferente.

La injusticia pepera es aquella que esconde, oculta o manipula los miles de casos de corrupción del gobierno, que maquilla los números de los imputados o acomoda las sentencias para dañar la imagen del partido lo menos posible. Apoyados en un grupo de periodistas incondicionales, empañan la realidad y la cubren con una falsa pátina de justicia que todos sabemos que es irreal. Sin embargo, caen con todo el peso de la ley ante cualquier estupidez cometida por un político de izquierdas o simplemente un ciudadano normal. La ley del embudo, el lado ancho para el PP y sus moscas cojoneras, que nunca se separan del olor a mierda que despide, y el estrecho para todos aquellos que luchan cada día por una sociedad mejor.

No quiero entrar a opinar sobre el referéndum catalán, porque hoy no es el tema, pero que el ministro de justicia haya estipulado que algo más de 700 alcaldes de poblaciones catalanas, tengan que ir a declarar por el hecho de permitir y facilitar el referéndum en sus poblaciones es ya el colmo del autoritarismo más rancio.

Desde que el PP está en el gobierno tanto central como en algunos autonómicos, hemos sido testigos de autorizaciones a manifestaciones abiertamente neonazis, de ideología franquista o el pulso que desde una fundación llamada como el dictador le está imponiendo a la Xunta por el control del Pazo de Meirás, que a estas alturas ya debería ser de control público y no de la familia del mayor asesino que ha dado este país.

En su modelo de democracia, el PP adecua las noticias de la televisión pública en su propio beneficio, ocultando todo lo que pudiera, aunque mínimamente, empañar la imagen del gobierno. Se ha llegado incluso al cese de un director de informativos porque su espacio era demasiado plural y las noticias intentaban ser lo más verídicas y contrastadas posibles.

Todos los días las redes sociales se llenan de comentarios que justifican, apoyan y promueven atrocidades judiciales, injusticias sociales, desmanes económicos, corrupción, machismo, acciones policiales mucho más que cuestionables. El trozo oculto del iceberg está saliendo a flote en una sociedad que estaba esperando un gobierno como éste para seguir demostrando que una parte importante de esta España nuestra, es un país caduco, casposo, retrógrado, franquista en sus cimientos, cavernícola y retrasado en todos los aspectos. Si no, preguntemos a algunos políticos cuál ha sido su nivel de acoso cuando se han bañado en una piscina en pleno verano, cómo ha sido la celebración de su boda o como se trata a sus parejas sean o no sean miembros activos de la política por méritos propios.

No es bastante contemplar como el deterioro social es abismal. Que nuestros jóvenes han perdido el derecho a trabajar y desarrollarse, que los trabajadores estamos al borde de la esclavitud y que debemos alabar todos los días al empresario que se lucra con nuestro trabajo y que recompensa con salarios que conducen a la indigencia. Asistimos impasibles a la ausencia total de políticas de lucha contra una violencia machista sin parangón, que se apoya en comentarios, hechos, publicaciones, en desprestigio del feminismo hasta convertir a las mujeres en locas que ya no saben ni lo que quieren. Que personajes como Juan y Medio, Pablo Motos o Carlos Herrera y una larguísima lista de hombres que se han demostrado públicamente en contra del feminismo, estén recibiendo premios de manos de los monarcas (en algo tendrán que gastar el tiempo cuando no están haciendo negocios de ventas de armas a los saudíes, considerados secretos para que nadie meta sus narices en los chanchullos que pueden llegar a hacer) o sean protagonistas en programas de televisión pagados con dinero público. Que no haya ninguna mujer en los altos cargos del CGPJ cuando la presencia femenina en la carrera judicial sea superior a la masculina. Que se fomente el odio a los árabes, a los refugiados, a los catalanes. Y así un eterno etcétera de descalabros sociales que pasan por muestras del franquismo más rancio en forma de bandera ilegal que envuelve a un torero o a un presentador que se divierte recortando la falda de una compañera porque las mujeres estamos en este mundo para ser objeto de satisfacción sexual de los hombres.

Al lugar donde quiero llegar es que el gobierno del PP en su absoluta prepotencia apoyada en los lameculos de los diputados de C´s y en algunas ocasiones de los del PSOE, está minando todo aquello que puede hacer que una sociedad avance y se encamine por un siglo XIX más libre, más justo y más igualitario. Todos los días damos un paso hacia atrás. En España hablar de derechos civiles es dejar ojiplática a la mayoría de la población, que desconoce qué significa el término. Desde las más altas esferas se está promoviendo que los niveles de cultura de población desciendan hasta rozar el analfabetismo, porque como todos sabemos un pueblo inculto es un pueblo manipulable. Para la derecha su mayor enemigo hoy y siempre será el conocimiento. Que se publiquen artículos “de opinión” que cuestionan hechos históricos demostrables como el golpe de estado del 36 o la política represora de un franquismo que a día de hoy no ha sido condenado institucionalmente. Mientras se impulsa y se promueve un entretenimiento zafio, ordinario y sin sentido. Si no piensan no preguntan. Quieren ayudarnos a que nuestra mente sea una tabla plana.

El PP nos trae, tauromaquia, retraso, oscuridad, autoritarismo, miedo, rechazo, negación de la diversidad, de los derechos, de la capacidad de decisión. Quiere una sociedad de sumisos, cabizbajos y mudos ciudadanos que olviden que son libres para pensar, expresarse o reclamar la justicia a la que tienen derecho. Hoy el gobierno del PP está sacando a flote una parte del iceberg que tenían oculta. Cada día un poquito más. Pero lo que no queremos ver, es que ese pedazo de hielo, está en blanco y negro, con dos rombos en una esquina y con un señor sentado en la cumbre repitiendo sin parar: Usted no sabe con quién está hablando.

belentejuelas

Me gusta ser diferente. Feminista, atea, de izquierdas. Baloncesto. Autora de "El Espejo"
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