La huelga del taxi

La huelga del taxi, como se ha pretendido denominar a unos movimientos de protesta y reivindicación por parte de los profesionales del taxi, vienen ya de lejos, desde que empezaron a cobrar auge las plataformas de alquiler de vehículos con conductor, o VTC. Otrogarle la denominación de huelga a las protestas de este sector me parece que es desvirtuar el sentido de la palabra huelga y vaciarlo de contenido. La huelga es la capacidad de los trabajadores para reivindicar derechos frente a la patronal para la que trabajan. Los taxistas no pertenecen a ese grupo. Los taxistas son profesionales autónomos, salvo aquellos conductores que trabajan para quienes poseen una licencia de taxi, o para empresas que acaparan un conjunto de estas licencias. Huelga se consideraría si esos trabajadores sumasen sus fuerzas para reivindicar derechos frente a los propietarios de las licencias, que los tienen contratados. Que nadie se engañe, esto existe, y esos conductores no se diferencian en mucho de los conductores de UBER o Cabify. Luego existe otro número de taxistas que alquilan sus licencias para que puedan ser utilizadas por otros.

Si los profesionales del gremio del taxi argumentan que quieren trabajar en igualdad de condiciones, que sea así: rebajar el precio de las licencias al que tienen las VTC, montar un servicio de internet por el que se pueda solicitar un taxi y donde el precio del trayecto esté cerrado, dejar de cobrar suplementos en estaciones, puertos y aeropuertos, dejar de cobrar suplementos por equipaje, eliminar los precios en función de los tramos horarios, eliminar el aumento de tarifa por traspaso de localización geográfica, por ejemplo. Sin embargo lo que pretenden es imponer unas condiciones draconianas a sus competidores, para que no sean competitivos. Dicho en otras palabras: continuar sin tener competencia.

Los profesionales del taxi lo que pretenden es continuar manteniendo su privilegio de monopolio, negociando sus tarifas con los ayuntamientos, abusando del valor de sus licencias, especulando con ellas, sin que los consistorios hagan nada para evitarlo.

Justificar su lucha en que los VTC pertenecen a multinacionales, y en que, a la larga, se producirá un aumento del precio, es bastante absurdo: en España existen gran número de multinacionales de telefonía móvil y las tarifas, lejos de dispararse se han abaratado bastante, bastante más que cuando existía el monopolio de Telefónica.

Que las multinacionales mencionadas se encuentran radicadas en otros países y tributen menos impuestos que los que debieran es otro cantar, que no depende ni de los taxistas, ni de los conductores de las VTC, ni de las administraciones locales; depende de que el gobierno de turno regule esta cuestión.

Lo que parece, a todas luces, es que el taxi no está dispuesto a reinventarse, ni a hacer concesiones de su situación privilegiada. Y considero que muchos están confundiendo derechos con privilegios.

Ya expuse, en parte, esta idea hace unos meses en este mismo medio, en un artículo titulado “Una visión de la huelga del taxi

Sobre vichamsan 60 Artículos
Escritor. Dos novelas publicadas. Finalista Premio José Saramago de Narrativa

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