La reconversión

El hombre común (por ejemplo: don Cazador…) es tan mediocre, chabacano y arrabalero, cuan indecente, pérfida y animal viene a ser su principal filosofía de vida, a saber: “Ojos que no ven, corazón que no siente, corazón que no se rebela”. Ni que decir tiene lo importante que, a todos los efectos, viene a ser este prototipo masculino para con la eterna y eviterna y sempiterna mujer de marras, en tanto en cuanto sea el hombre idóneo, el marido ideal, el sujeto perfecto con el que así poder ensanchar las promiscuas fronteras del amor, ídem, el sujeto perfecto con el que poder ensanchar así las promiscuas fronteras del amor.

Según mis recientes estudios psicológicos, la gente normal, la raza ejemplar, en fin, la Humanidad (cabalmente unida al unísono con un mismo sentimiento que tajo parejo la define y caracteriza, ora amoroso, ora religioso), tan sólo presume un 25% de consciencia puramente real, el 75% restante se le escapa de las manos: en efecto, la voluntad domina y predomina sobre el cómputo general de la raza, pues, de hecho, tan sólo los privilegiados, los espíritus libres, los hombres inmunes están lo suficientemente capacitados como para negarla o confirmarla, aceptarla o desecharla, entrar o salir de su mostrenco y vasto ámbito a todas luces generacional, son los herejotes por excelencia; el resto de seres humanos, o séanse todos o casi todos, en una palabra, los más, comoquiera vive encerrado en una especie de burbuja, quien dijo burbuja, ahora dice carrusel, rueda de molino, urna blindada, cerrada a cal y canto, así el precepto inmune: “Hijos del inconsciente”; así las enciclopedias del mundo; así los estadios demenciales; así la fantasía y la devoción; así la voluptuosidad inoculada en masa; así el instinto maternal; así el irrefrenable afán de procreación (el Dios Amor está con toda esta gente, el celo la dirige, la razón cede ante tamaña fuerza impulsora: es la voz del dios Deseo: por eso admira tanto al hombre asceta toda vez disfrazado de cura, como respeta a la mujer casta toda vez disfrazada de monja; por eso mismo el Estado mantiene de buen grado toda aquesta clase de atavismos varios: es el Reino de los dolientes, tan amorosos cuan religiosos): de ahí el genio, el filósofo, el loco, cuya abúlica locura está en desacuerdo con respecto a la ingente y mayoritaria demencia del gentío, llámesela miríada en iguales méritos y anejas cantidades. Nuestra soledad se acentúa por momentos, mientras buscamos por casa, soga en mano, un buen soporte… (Es como vivir entre mentalidades pretéritas que, al trasunto, no superaron los pestilentes efluvios del Medievo: he ahí, pues, venteado, el cristianismo, incluso la Religión propiamente dicha: el espíritu de todas las masas “sintientes”, incapaces de gobernarse por sí solas. Yo, en mi ignorancia infinita, lo llamaría Avilantez Consentida.)

Muchas veces, devueltas al inconsciente meollo del amor, se critica con denuedo el imperdonable y grandilocuente adulterio femenino, pero, así y todo, antes bien habría que preguntarse, ¿quién es más pérfido de los dos?: el hombre o la mujer, el novio o la novia, el marido o la esposa, el asaltacunas o la correveidile, el cura o la monja que tajo parejo viven a costa del Pueblo, el Político o la Jueza de turno, el molondro o la mostrenca, el zángano de colmena o la cacatúa, el mameluco o la morcillona, el poquita cosa o la pitiminí, el andoba o la pelandrusca, el vaina o la fresca, el conde o la duquesa, el insatisfecho o la frígida, el vivalavirgen o la facilona, el ligón de turno o la profesora de gimnasia, “El Buscón” o “La ilustre fregona”…

    La democracia de los normales, en realidad no es más que hipocresía elevada a la enésima potencia, una especie de manumisión asaz valetudinaria que no tiene por dónde cogerse; los normales lo llaman respeto, urbanidad, tolerancia, y así por el estilo, cuando en realidad es displicencia pura y dura, o séase egoísmo, nihilismo puro y duro, cristianismo, religión, creencia, inconsciencia, ignorancia, gregarismo, traición, cerrazón, tiranía, usura, consumismo, capitalismo, despotismo de muy baja estofa… Cualquiera cosa que no venga en calidad delicuescente, a la Sociedad le sobra, más aún, le molesta.

”Retazos de alma en pena”, artículo nº. 67.

© José Javier Martínez Rodríguez.

 

esplinmartinez

esplinmartinez

Escritor, filósofo de la vida, soltero, solitario, desempleado, ciclista BTT, ecológico, asqueado hasta la so-saciedad.
1 Comment
  1. JOSE JAVIER MARTINEZ RODRIGUEZ

    Añadido al uso.
    Todas las atrocidades que enhoramala perpetra la sacrosanta Raza de marras, comoquiera presumen un solo fin, un solo propósito, una sola finalidad: perpetuar el sumamente egoísta Dios Amor, enterrando, si cabe, todo buen hacer en ciernes, toda teodicea viviente, como, por ejemplo: liberar todos los zoológicos del mundo, repoblar todas las zonas quemadas, reciclar su ingente cantidad de basura inmunda, dejar de jugar a ser Dios, permitiendo que esta raza de aquí, se reproduzca a todo pasto, en detrimento, en absoluto detrimento de esotra aquélla de allí o allá, y así por el estilo… Los vagabundos son los filósofos de la Vida no Irreal. El Dios Amor es un egocentrismo de orden descomunal que, a la sazón, alcanza prácticamente la totalidad de la raza, completamente ajeno a la mostrenca realidad… la Humanidad vino al mundo principalmente para destruir la Naturaleza, cuando no para exterminar a todo bicho viviente: es la belleza del amor hermoso quien impulsa su maravilloso destello divino… Si los religiosos no vivieran a costa del Pueblo, merced a su sangre y sudor, tal vez podría llegar a pensarse que su sacrificio de orden carnal propende a devenir en favor para con la Humanidad y su destino fatal: de ahí el famoso cuento chino cabalmente largado para solaz de la masa, digamos, alucinada de por sí. Todo esto huele, como diría Nietzsche, a tartufería, que diría Molière. Yo creo que el hombre no hace sino avergonzar constantemente la delicada sensibilidad de su madre, que es, para más señas, la mujer en sí, la parturienta en ciernes, la hembra por natural condición, la sacrosanta procreadora de la especie que, al decir de Kant, no es propia. En ocasiones, todo, absolutamente Todo, parece una conspiración premeditada, cabalmente creada por maesa Voluntad. Lo más probable es que seamos microscópicos, una bacteria infinitamente microscópica, que pulula entre los inmensos albores de algún cuerpo extraño. El Universo Todo debe ser algo así como la placenta de una célula… Por lo demás, hay que ver el palizón que se pegan los pobres salmones, todos enamorados, todos preñados de amor… En mi personal cadena evolutiva, no obstante sitúo al salmón entre medias del Reino animal, en virtud del cual quedose parcialmente distinguido, y el ser humano, el mostrenco y zopenco ser humano que, quieras que no, todo lo puede… Ningún animal conocido mata por gusto, placer o puro espectáculo para con la galería expectante, salvo la bestia llamada Hombre, siendo, por tanto, el menos civilizado de todos ellos, el menos inteligente, el más salvaje, el más iracundo, el más irracional…

    10 Julio, 2016 at 7:32 pm - Reply

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