Las fauces de la ultraderecha

Da lo miso lo que esté escrito en la Constitución. En esta y en cualquier otra, si los que juzgan sobre su incumplimiento atienden a determinada ideología. Da lo mismo lo que esté impreso en el articulado de las leyes si los que juzgan obedecen a determinados principios ideológicos, olvidándose del espíritu que señala la imparcialidad de la justicia y el sometimiento a la ley. La ley no debe interpretarse, sino aplicarse strictu sensu, pero en España, y en otros países, por muy democráticos que se presenten, las leyes se interpretan.

Ya he referido en varios artículos la confianza o las garantías que me sugieren las encuestas (dejo algunos títulos por si alguien decide tomarse la molestia de leer: ¡Marchando otra de encuestas!, ¿Podemos creer en las encuestas?, Desmontando el CIS ) La realidad es que jamás aciertan. Pero no por ello deja de generar preocupación el auge que está tomando la extrema derecha, si bien la mayor parte de los sufragios no serán sino el trasvase de los encantados del centro-derecha (si es que se le puede otorgar ese nombre a la derecha casposa que ha venido gobernando estas últimas legislaturas) porque indica fundamentalmente que la cultura política de nuestros congéneres está ya en el despeñadero y precipitándose por el acantilado.

La juventud huida por la precaria situación en la que los gobiernos conservadores la han dejado, una población poco instruida y otra aburguesada que se deje seducir por algunas frases grandilocuentes que proponen soluciones fáciles a problemas complejos, han conseguido encaramar a la derecha extrema a las instituciones.

Si esa ideología calase en la población y consiguiese alcanzar el poder, estaríamos ante una situación de imprevisibles consecuencias: cuando los partidos de ideologías extremas se hacen con el poder, especialmente de forma democrática, es extremadamente complicado desalojarles de él, como decía al principio, comienzan a copar las parcelas de poder que necesitan para hacerse impunes: el poder judicial, el legislativo y el ejecutivo, y a estos le siguen el poder policial, el mediático – suprimiendo aquellas voces que le son críticas – y el militar.

Si esto llegase a suceder, estaríamos retrocediendo en el tiempo y regresaríamos a una historia negra de desesperanza, de lucha y, probablemente, de sangre. Si la ciudadanía no tiene capacidad crítica, ni juicio, ni conocimiento, ni visión de futuro, en pocos años nos encontraremos es el abismo.

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Sobre vichamsan 60 Artículos
Escritor. Dos novelas publicadas. Finalista Premio José Saramago de Narrativa

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