Perfectamente prescindibles

Mariano Rajoy sufre, Mariano Rajoy está triste.
La niña de sus ojos, el corazón anhelado de Pedro Sánchez es de hielo y el joven no habla mucho con él.
Él que echaba a patadas a esos dialogantes que se acercaban, él que escupía en la cara de enmendadores, sugeridores y opositores se ve ahora solo.

Nadie habla con Mariano, con nuestro presidente en funciones y eso es lamentable.
Mariano no lo entiende, son tantas y tantas las cosas que les unen…

Casos de corrupción abiertos, ministros colocados en puertas giratorias, dudosas financiaciones de partido y campañas, pensiones vitalicias… Esa falta de conversación duele y Mariano sufre.

Y no solo debe padecer ser ignorado por su tesoro; luego llegan las conversaciones. Encuentros fríos de puro trámite. Palabras vacías, lánguidas y sin contenido; Sánchez se esconde de sus solicitudes, le elude. Mariano queda sumido en turbulentos mares de dudas. Podría buscar nuevos horizontes, perfiles de tonos naranja, sonrisas narcóticas y gesto sumiso.

Podría dejarse, abandonarse al abrazo de esos paracaidistas díscolos nacidos de sus propias entrañas. Pero no, no es el incesto un plato del que guste tomar a Mariano No; no caerá en la tentación de tomar presa facilona como trofeo de guerra.

El servilismo no excita a Mariano, la entrega sumisa del joven sustituto no colma sus aspiraciones. Y ahí está ese querubín provocador, ese adonis rojo que le hace temblar con su caminar.

Mariano se conforma con verle pasar en silencio, volar a ras de suelo ignorando su presencia como si él no existiese. Solo, triste y con ese ojo maldito parpadeando sin permiso ni decencia. ¿Qué quiso decir Pedro, mi Pedro? se pregunta Mariano. ¿Qué quiso decir Pedro, mi Pedro cuando definió nuestra última reunión tette a tette como de “perfectamente prescindible”? ¿Cómo es posible que no nos llevemos bien siendo tan rematadamente iguales?

Hay muchas cosas que las lágrimas en los ojos de Mariano ocultan, cosas que no le dejan ver. Pedro Sánchez, su Pedro, tiene la cintura partida; recibió desprevenido, ingénuo el disparo en la línea de flotación, por la espalda. Llegó el plomo candente desde un punto inconcreto y recóndito dentro de su partido. Voces y más voces, voluntades encontradas cada cual tirando para un lado.

Y entre todo ese ruido de fondo… tanto miedo, toneladas de miedo a lo que pueda pasar en un gobierno sin jueces amigos, sin opositores cómplices y sin policías entregados.

Así está Pedro, el otrora firmante de preferentes en Caja Madrid, corre desorientado entre el griterío y las explosiones; entre el miedo y el tentador subidón de adrenalina que trae consigo el insano impulso de saltar. Mariano debe saber que del mismo modo que él mismo es un producto de su propio partido; Pedro, su Pedro, lo es del contrario.

Al PSOE le han gustado los débiles en la presidencia, grises, sin carísma; perfectos para sustentar el poder en la sombra de los dinosaurios.
Desde el exitoso experimento “Zapatero” el partido hace risas en las primarias y entre el pitorreo generalizado, promueve a la secretaría general a cualquier limitado con ganas de vivir del cuento. Eso Mariano sí lo entiende, Pedro es un espejo en el que mirarse, él mismo; Mariano lo es también.

Mariano sabe que Sánchez vive para que sus barones no tengan que dar explicación alguna por sus tropelías. Del mismo modo que él existe para que sus “Esperanzas” puedan atropellar policías impunemente. Y ahí está Mariano, nuestro Mariano…

Ausente, desorientado; lamiendo el aire, parpadeando de nuevo y escuchando el mar desde el buque de un narcotraficante. Sánchez no responde a sus llamadas, con los votos de los ciudadanos no se come una rosca ninguno de los dos. Mariano pensaba en una entrega peleada, orgullosa pero victoriosa, acariciaba la idea de convencer a Pedro de que la unión de ambos es la única salida que le queda a España.

La salvación contra la amenaza roja, contra la devacle comunista, contra la justicia ciega. En definitiva, contaba con la complicidad de esa banda rival para no repetir elecciones. Ahora empieza a pensar que fue demasiado aventurado considerar a Pedro Sánchez un hombre de estado. El despecho es hijo de la certeza y ahora que Venezuela vuelve a importar a la prensa se avecinan meses de lucha, por tercera vez.
No solo vuelve a ser Venezuela centro de atención mediática, la situación de inestabilidad vuelve a ser muy peligrosa; la economía se para, el caos y la destrucción se ceban con España porque Pedro Sánchez se niega a darle sus votos a Mariano. ¿Se puede ser más egoísta, más egocéntrico o insensato?

Ambos dos, Rajoy y Sanchez militan en partidos incapaces de gobernar si no es a golpe de decreto, formas de gestión imposibles sin una mayoría absoluta o como mínimo sumisa. Y ciertamente acontece que nuestro congreso a día de hoy, con la irrupción de esos chicos de naranja y otros rojos rojísimos, adolece de cierta escasez de sillones para negociar. Las posibilidades de un gobierno absolutista al uso de los últimos es una quimera y Mariano tiene detrás mucho estómago que llenar; Pedro no es menos.

Ambas formaciones se ven abocadas a la corrupción de subsistencia, tratar de salvar los chanchullos más lucrativos o aquellos en los que el peligro de descubierto sea más inminente y tratar de dejar pasar tiempo y las opciones por separado son prácticamente nulas. Rajoy es más consciente de la situación real de ambos partidos, está más avisado de lo que se viene próximamente a los juzgados españoles. Por eso es el más proactivo de los dos.

Por su parte, Sánchez es consciente de que haga lo que haga Rajoy, no va a conseguir engañar a nadie. Y aquí estamos nosotros esperando a que empiecen a volar los cuchillos.

Porque da la sensación de que muchos culos calientes se quedarán sin poltrona y no van a digerir eso con placidez. No hay retiros de lujo para todos, no hay senado para todos ni ministerios ni asesorías públicas para el volumen de enchufados que hemos mantenido. Cuando empiecen a comprender que ese sonido de fondo es el de las puertas cerrándose, cuando empiecen a hacer balance de fuerzas unos enchufados frente a otros…

Entonces y solo entonces los ciudadanos de a pie, los mortales, los prescindibles empezaremos a darnos cuenta del tamaño real de la estafa. De momento escupen bilis, eso no deja de ser un buen consuelo para un país sin un futuro.

elsopazax

Escritor autor de la novela SIN PULSO y bloguero a tiempo muy parcial. Emigrado a Brasil pero vigilando de cerca a mi buena gente.
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