Soy mujer, soy deportista

olympic-rings-1120047_960_720El día 4 de agosto de 2016, comenzaron en Rio de Janeiro las trigésimo primeras Olimpiadas de verano. La delegación española es la décima más grande y la primera en número de deportistas de habla hispana. Y aunque a muchos periódicos deportivos les jorobe sobremanera, a lo largo de los juegos, si la situación se parece algo a los Juegos de Londres, tendrán que abrir sus ediciones con la imagen de una mujer con una medalla colgada al cuello.

Hace pocos días El Mundo, abría un reportaje sobre los juegos con el título machista y cavernícola de las “buenorras” del deporte, haciendo hincapié en los cuerpos más o menos atractivos de los que podían presumir algunas deportistas que acudirían a la competición. Fue tal la avalancha de críticas en las redes sociales al neandertalismo del periódico que en menos de una hora modificaron el titular. Seguir midiendo a las mujeres por su aspecto físico es una ofensa tan grande que a día de hoy no podemos casi ni digerir que queden, mal llamados periodistas, que sigan utilizando esta técnica de venta de publicaciones. Pero no podemos olvidar, que si lo hacen es porque hay un buen número de lectores que están en la misma onda que ellos.

El deporte femenino ha alcanzado cotas inimaginables en este país. Mireia Belmonte, Ona Carbonell, Teresa Perales, Ruth Beitia, Gemma Mengual, Amaya Valdemoro, el equipo de balonmano, de waterpolo, de baloncesto, de vela, de natación sincronizada (aunque haya alguno que otro que no considere que esto no es un deporte, solo es baile en el agua, en fin, sin comentarios), el de gimnasia rítmica, Carolina Marín, Maider Unda, Brigitte Yagüe, Laia Sanz y un larguísimo etcétera que a muchos palidecer de envidia.

Pero ¿cómo digerimos en España que nuestras chicas sean las reinas de los podios de todas las competiciones mundiales, olímpicas o de cualquier tipo? Mal, muy mal. Básicamente como todo lo que tiene que ver con las mujeres. Titulares ofensivos, invisibilidad en los medios, marginación económica. El deporte femenino, como cualquier otro logro del mundo femenino, queda siempre en un segundo plano. La prensa deportiva ignora medallas imposibles, hazañas que superan cualquier expectativa y se centran en que Messi se ha teñido el pelo o que Cristiano Ronaldo está de vacaciones en la playa.

Rafa Nadal, es uno de los grandes deportistas de este país, pero no el único. Cuando se pidió al comité olímpico español que Mireia Belmonte fuese la abanderada del conjunto que ha viajado a Rio, ni tan siquiera escucharon a los qué mediante nuestras firmas, defendíamos que la deportista y su palmarés le hacían más que merecedora de tamaño honor. Que Rafa no pudiera llevar la bandera en Londres por una lesión, no es culpa de nadie. En su lugar, en vez de elegir a cualquier mujer de las que trajeron una medalla colgada de su cuello, se eligió a Pau Gasol. Que aunque trajo medalla, es casualmente otro hombre.

En el deporte como en la vida las mujeres conseguimos grandes logros, que se hacen invisibles de manera premeditada. A una sociedad patriarcal, machista y retrograda, la visibilidad femenina resulta muy molesta. Todavía hoy, una gran parte de la población ante un triunfo con nombre de mujer, piensa en actitudes sexuales para conseguirlos, como con quién se habrá acostado o a quién se la abra ..Es triste pero real. La sociedad no está preparada para mujeres que consiguen cosas porque no está lista para que las mujeres seamos iguales a los hombres en cualquier aspecto.

El Athletic Club, ganador de la liga femenina de fútbol, fue humillado públicamente por  los medios, al no presentarse ni un periodista, ni una cámara, nadie, pero nadie, a la rueda de prensa que tuvieron que suspender ante tamaño descalabro. Ofensivo, no, lo siguiente.

Para una parte importante de la población de este país, el deporte femenino es algo tan insignificante que se asombran al saber que hay una liga de fútbol. Se las insulta, se las denigra y se las manda a fregar como si estuviéramos todavía en el siglo XV, porque el fútbol es cosa de hombres. Ninguna futbolista es digna de la mención en un periódico del ramo, sencillamente porque no es un hombre. Y si los medios especializados no lo dicen será que no existe.

boxeoSer una mujer no es nada fácil. Ser una mujer en un mundo de hombres, mucho menos. El deporte es un mundo masculino. No hablo de los deportistas, hablo de las instituciones, de los medios de comunicación, de todo lo que lo rodea. En la misma disciplina deportiva y con incluso más medallas y triunfos, los equipos femeninos reciben menos subvención que los masculinos, menos medios y menos atención. La razón no es otra que la que estamos pensando, son mujeres.

Sé que no es fácil cambiar una sociedad entera. Que los medios se alimentan de los lectores y a la mayoría de ellos ver como cualquiera de nuestras deportistas gana una medalla, un torneo, un campeonato mundial, europeo o una olimpiada, le trae sin cuidado. Pero ellas están demostrando que no solo compiten contra si mismas para cada día superarse, o contra compañeras en su misma situación en igualdad de condiciones. Su lucha diaria, su gran competición que todavía no han podido ganar, es luchar para que la sociedad vea en ellas a las mujeres que son. Y junto con las que desarrollamos nuestras vidas profesionales en cualquier ámbito, tienen que enfrentarse a esa pared machista, patriarcal, sexista que encierra a nuestras sociedades en un mundo donde solo los hombres tienen cabida.

Cada una de nosotras acomete una batalla diaria para salir adelante. Vemos nuestros cuerpos utilizados como reclamo para vender un coche, para comprar una colonia o para elegir detergente. La publicidad se nutre de los estereotipos machistas para aumentar sus ventas. Los políticos olvidan los grandes problemas femeninos porque no reportan votos. Somos objeto de violencia, explotación, sumisión, desaparición. Miles de mujeres sufren en sus carnes el mercadeo de sus cuerpos, la trata, la venta. Y cuando alguna o muchas sobresalen porque ya es inevitable ocultar sus logros, se convierten en el objetivo de la diana machista. No hay nada que más daño haga a muchos hombres que sus mujeres sean mejores que ellos. Y pasa. Y mucho. Y yo me alegro enormemente.

La sociedad del siglo XXI, cargada de tecnología, de avances médicos y científicos, de desarrollo, es todavía una sociedad machista, una sociedad retrógrada que relega a un sexo a un segundo plano por el miedo a la perdida de la superioridad, a la pérdida del control. Pero las mujeres no dejaremos de luchar cada día, cada minuto de nuestra existencia en mejorar nuestra situación, que nuestros logros sean reconocidos en igualdad de condiciones, de no ser casos aislados. Nuestras deportistas son nuestras mejores abanderadas. Ellas, están demostrando al mundo que ser mujer es bueno, que trae recompensas buenas y que pase lo que pase y le pese a quién le pese, estarán en lo alto del podio para lucir orgullosas sus medallas y las nuestras.

belentejuelas

Me gusta ser diferente. Feminista, atea, de izquierdas. Baloncesto. Autora de "El Espejo"
1 Comment
  1. Ricardo

    Gran artículo como siempre. El machismo se da en todas las sociedades en todas las culturas y niveles sociales y tiene que ver con el poder sobre el otro, el de someter la volutad de la mujer para que realize todo aquello que nosotros no deseamos hacer. Para ello se las margina en todos los aspectos de la sociedad interntando demostrar su inferioridad, ellas demuestran lo contrario cada día y eso es algo que la sociedad machista no está dispuesta a tolerar y por ello vemos estos intentos de tapar la realidad. No debe haber vuelta atras, pero desgraciadamente costara la sangre de muchas mujeres si los hombres no asumimos que hombres y mujeres somos seres humanos iguales en todo

    10 agosto, 2016 at 7:13 am - Reply

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