Una visión sobre la huelga del taxi

La huelga es un derecho. Indiscutible. Reivindicar mejoras también. Inapelable. Pero lo que no se debe confundir, bajo ningún concepto, en la opinión del que esto escribe, es que el simple hecho de convocar una huelga, o la manifestación de determinadas reivindicaciones ya constituya un cheque en blanco para la consideración de que lo que se reivindica es justo y debe ser otorgado a aquellos que lo reclaman.

En este post quiero analizar ciertos aspectos referentes a las mencionadas reivindicaciones y que cada cual se haga su composición de lugar, y, con sus propias ideas y análisis, juzgue lo que considere conveniente.

Se ha argumentado que el que operen empresas o compañías como Cabify o Uber, ponen en peligro el sector del taxi y, como aquéllas son empresas privadas, terminarán, a la postre provocando una variación al alza de los precios. Recordar que los precios del taxi los negocia el sector con los ayuntamientos y tienen la fuerza suficiente como para conseguir siempre lo que se proponen (todos esos suplementos por aeropuerto, estaciones, equipajes, etc, son abusivos).

Ante esto, en mi modesta opinión quiero hacer las siguientes consideraciones:

Hasta la fecha, el sector del taxi no ha sido sino un monopolio controlado por los ayuntamientos, que, a su vez, han sido continuadamente chantajeados por el taxi, de forma bastante parecida a lo que sucedía anteriormente con los pilotos de las líneas aéreas o lo que sucede con los controladores de la aviación civil. El taxi, extorsionaba – lo lamento si esto no gusta.

Hasta tal punto el sector era un monopolio, que uno, a veces, tenía la impresión de que no estaba utilizando un servicio público, sino el vehículo privado de un taxista, al que parecía que tenía que, además de pagarle, rendirle pleitesía por haberle transportado, escuchando la emisora de radio que el conductor quería y sometiéndose a las condiciones que el chofer le imponía (frases como “no puedo poner el aire acondicionado porque me resulta perjudicial”, “no, es que el aire acondicionado está estropeado”, y hasta “si no le parece bien tome usted el autobús o el metro”, seguro que más de uno las ha escuchado).

También hemos sido testigos o hemos tenido el conocimiento por terceros de rastreras maniobras para alargar la carrera e incrementar el precio.

Cabify, Uber, y otras compañías de transporte generan competencia en el sector, y la competencia es buena. Presentan la ventaja de que uno sabe en cada momento el precio que va a abonar por el transporte y que va a recibir un trato acorde con el servicio que está utilizando. Esto debería ser un acicate para que el sector del taxi se renueve – porque, en la modesta opinión del que esto redacta – porque lo necesita.

Seguramente será cierto que los trabajadores de Cabify y de Uber adolecen de sueldos precarios o realizan jornadas extremadamente largas, pero no olvidemos que en el sector del taxi, existen empresas que acaparan un enorme número de licencias y tienen, igualmente, chóferes contratados para explotar su negocio. Algunos taxistas tienen también conductores para que realicen el servicio durante algunas horas del día, para aprovechar al máximo el vehículo y obtener el máximo rendimiento, y carecemos de datos sobre sus jornadas y salarios.

En resumidas cuentas, considero que el sector del taxi no admite la competencia y prefieren – como, en cierto modo,  es lógico – continuar con su monopolio, porque sus licencias se sobrevaloran desmesuradamente: ya da vértigo saber que una licencia de taxi puede costar más que algunos pisos.

Este conflicto debe servir para regular el transporte público de lujo, generando una competencia sana, y obligando al taxi a reinventarse.

Sobre vichamsan 52 Artículos
Escritor. Dos novelas publicadas. Finalista Premio José Saramago de Narrativa

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