Violencia en las aulas

Mi hijo tiene 13 años, ya ha empezado el instituto. Ayer fuimos a su antiguo colegio, al llegar a la puerta, se paró en seco y cambió su expresión, volví a ver en sus ojos un dolor que creía olvidado. Me miró muy serio y pronunció unas palabras que ninguna madre desearía oír “Mamá ,en este colegio he pasado los peores años de mi vida, es como volver al infierno”.

Soy muy consciente de que el panorama mundial actual es desolador, atentados, guerras, muertes…. Pero hay algo dentro de mi, que me empuja a escribir este artículo. Ya que, aunque no esté de rabiosa actualidad y para algunos sea un tema algo manido, creo firmemente que, la violencia de nuestros jóvenes está intrínsecamente unido a la nueva escala de valores que rige nuestro mundo.

Le voy a dedicar estos párrafos, a todos aquellos niños, jóvenes ,adolescentes y también adultos, que han tenido que sufrir o sufrieron acoso escolar. O utilizando esa palabra de origen anglosajón y tristemente conocida por todos “Bullying

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Y aunque el término sea de nuevo cuño, la violencia y el acoso entre niños y adolescentes, es algo que viene de lejos. Lo que sorprende quizás, es que las nuevas tecnologías nos hayan hecho ver algo que antes se escondía. Y preocupa enormemente que, no evolucionemos lo suficiente para erradicar dichas actitudes, las cuales me niego a creer estén enraizadas en nuestro ADN.

Cuantas veces he oído la frase “los niños son crueles por naturaleza” y puede tener parte de razón, pero creo también que, atajar dicha crueldad es tarea de padres y educadores. Si tú hijo ve en ti desprecios y actitudes déspotas hacia tus semejantes, no puedes pretender que no las adopte como normales.

Y no achaquemos ese nivel de violencia escolar a videojuegos y la extrema violencia de los dibujos animados actuales, por que volveré a repetir, es tarea nuestra evitar que nuestros hijos tengan esos juegos y vean esas series. Pueden tener parte de culpa, pero sinceramente, no creo que sea la raíz del problema.

El bullying es parte de un problema viejo: la violencia en la historia de la humanidad. Fue destacado por las ciencias sociales a finales del siglo veinte como una conducta inadmisible, recurrente y creciente en las escuelas. Una vez reconocido, los ejemplos ahora se socializan y visibilizan como si antes no existieran, lo que ha escandalizado al universo, realzando su importancia. Se considera cada vez más como un asunto en las escuelas que debe preocupar a las sociedades del planeta. Desde luego no ayuda para nada tener docentes o directores que sigan pronunciando la frase “eso es cosa de niños” o  “nosotros sólo nos dedicamos a enseñar”. Y menos aún ayudan padres que, o son ciegos o defienden a capa y espada a sus hijos, aunque estos sean auténticos demonios, por que para ellos son seres angelicales con un aura celestial, incapaces de cometer esas atrocidades. Por no hablar de esos progenitores, que son auténticos cromañones y que jalean y aplauden las actitudes violentas de sus vástagos, por que su respuesta ante todo es la violencia y violencia es lo que transmiten a sus herederos.

No me siento preparada para analizar el origen y las causas del acoso, y menos de dar pautas para solucionarlo y  las soluciones que se encuentran en libros y medios, son una suerte de placebos que lo convierten en un mal crónico.

No quiero que este se convierta en un artículo, de cifras, datos y estadísticas. No entraré en el morboso tema de vídeos de adolescentes pateando sin compasión a sus compañeros. De niños que jamás se convertirán en adultos, por que decidieron acabar con su vida, al no soportar la crueldad de sus semejantes. Todos lloramos por esas víctimas, por su desesperación y dolor. Por que es del todo inconcebible, que el acoso llegue a unos límites tan insoportables. Se quitan la vida, cuando todavía no habían empezado a vivir y eso desgarra el alma y el corazón.

Y creo que en este violento mundo (donde a muchos seres, no se les puede llamar “humanos”) uno de los mayores problemas que hay, es estigmatizar al que es diferente, al que no cumple con los cánones, al que destaca o al que no comprenden.

Y os lo dice alguien a quien de niña apodaron “morros de cerda”, que sintió el rechazo y la idea de no encajar en la sociedad, desde bien pequeña. Es una idea que aún me persigue y que ha causado que mis relaciones sociales y emocionales  se vean a veces dificultadas por mi baja autoestima.

Y es que lo que vivimos en la infancia, marcará nuestro tránsito a la vida adulta y a veces esas marcas serán dolorosas heridas que nunca llegan a cicatrizar.

En el caso de mi hijo Adrián, su estigma fue su empatía. Sus compañeros le humillaron y ultrajaron constantemente por no ser un “malote”. Es un niño que respeta y al que el dolor ajeno, le hiere como propio. Odia el insulto como respuesta y no concibe que cuando pide “por favor no digas eso que me hace daño” la respuesta sea todo lo contrario a lo que él desea.

Toda una etapa escolar marcada por la tristeza en sus ojos, por dolores de cabeza y estómago constantes. Verle cada día dirigirse al colegio con la cabeza agachada y llegar de la misma malhumorado e irascible. Recordarlo  despierta en mi unos sentimientos de dolor y rabia que me cuesta mucho digerir.

Ahora va a un instituto maravilloso, donde por fin ha descubierto el concepto de la palabra “amistad” y donde va cada día con una sonrisa, unas ganas y una energía que, en algunos momentos dudé que pudiese recuperar.

Quiero cerrar mi artículo (que a lo mejor ha quedado inconexo, lo cual no era mi intención) con unas palabras de mi admirada amiga Zuriñe, a la cual he pedido que abriera su corazón a todos nosotros. Que una mujer tan maravillosa y fuerte como ella, haya sufrido algo así, es muestra de que, erradicar la violencia en las aulas debe ser una lucha de todos.

Yo era una niña feliz, extrovertida, hablaba hasta con las piedras, y tenía un montón de amigos en la escuela. Cuando tenía 8 años y por circunstancias que no vienen al caso, me cambiaron de colegio. Y ahí se terminó mi infancia. Era la nueva, la rara, carne de cañón. En mi caso no hubo violencia física, pero psicológica toda la que podáis imaginar, todos los desprecios, insultos, vacíos, crueldades … Mi única reacción fue encerrarme en mí misma, no responder, aislarme, desear cada día volver a casa. Mis padres no entendían por qué no respondía o soltaba cuatro tortas. El único apoyo era mi mejor amiga, que 30 años después sigue aquí, sin ella no habría podido conseguirlo. A los 14 terminó la pesadilla, comenzó el instituto. En un año volví a hacer amigos, a relacionarme, poco a poco retomé mi personalidad y la adolescencia en comparación resultó ser un paseo. Pero esa inseguridad se queda para siempre rondando, y cuando menos lo esperas te mordisquea el alma. Y todo esto porque he sido de las afortunadas. Hay niños que nunca consiguen superarlo, o que se tiran por un barranco …”

 

vmm7773

vmm7773

Sociedad de suciedades, hervidero de mezquindades. Odiando el fascismo desde 1977.Roja como mi sangre.No me gusta que me etiqueten.Nací libre y así quiero morir
10 Comments
  1. Theo Oswald

    El Florida Day Schol es una MIERDA ! Un resabio kirchnerista de zurditos psicologos.
    No se dan cuenta que estan para instruir,y no para educar.
    Aceptan pibes con problemas diversos y con retrasos.
    El famoso ” igualar para abajo ” de los fracasados nac&pop..

    7 marzo, 2017 at 7:20 am - Reply
  2. Dalila

    “los niños son crueles por naturaleza” no lo veo y lo explicas con claridad, no es cosa de niños es cosa de cómo ven los niños a los adultos.
    Videojuegos ¿qué fácil echar la culpa a algo que parece ajeno a uno? Yo he visto jugar a mis hijos y he estado delante. Les he visto ver programas, dibujos, películas, series incluso anuncios y he estado con ellos. Claro que no me he limitado a estar delante, les he hecho hablar sobre lo que han visto y con lo que han jugado… Un ejercicio muy sano y recomendable para esa interacción social que han de tener los padres con sus hijos…
    En cuanto a la enseñanza, por suerte hay profesores maravillosos que están muy presenten y pendientes. No así la administración que ahoga a docentes a papeleo y a cumplir con unos currículos sin tener en cuenta a los niños, adolescentes y jóvenes, ni sus situaciones. Sin plantearse que en la educación ya tendría que estar presente las distintas inteligencias para evitar muchos problemas…
    Hay mucho tras el “bullying“. Y somos toda la sociedad la que nos tenemos que implicar…
    Gracias por la experiencia.
    Un saludo

    16 octubre, 2016 at 5:52 pm - Reply
  3. Paloma

    Me gusta que hayas escrito el artículo desde el corazón, ello permite añadirle trascendencia y es que el tema la tiene. Creo que la mayoría hemos sufrido y/o vivido situaciones parecidas. Lo que resulta más doloroso es comprobar que, a día de hoy, no existen iniciativas encaminadas a tratar el problema en toda su complejidad . La educación emocional no parece formar parte de ningún proyecto educativo. Aquellos padres, maestros, profesores y alumnos que ven en el acoso escolar una conducta “humana” precisan de una “reeducación” de sus valores y ello sólo será posible aumentando recursos, apoyando a las víctimas sin titubeos y promocionando un gran debate social sobre el tema a fin de concienciar a una amplia mayoría y también será posible tras un cambio en profundidad de las políticas que han regido hasta ahora. Siempre alejadas de la realidad, siempre sordas y ciegas. Siempre tan insensibles.

    26 noviembre, 2015 at 11:50 pm - Reply
    • Travis

      Después de leer todos estos testimonios me hago la siguiente pregunta…¿Dónde termina y dónde empieza nuestra responsabilidad en este asunto? No creo q sean acontecimientos aislados. Creo q son un claro síntoma de deshumanización, una clara preponderancia del tener al ser. Es muy triste q como padres asistamos con espanto e impotencia a este fenómeno. Las heridas, los traumas de nuestros hijos, son ese inmenso corazón q late malherido, q contínuamente se desgarra ante la indiferencia de un mundo cada vez más materializado, más vacío. Tantas actitudes intolerables tienen q obedecer a una escala de valores enferma q nos intimida y nos destruye, q nos hace verdugos y víctimas. No es lo q hay (cómo creen algunos). Es lo q entre todos estamos fomentando y consintiendo.

      22 marzo, 2016 at 4:12 pm - Reply
  4. María

    Comprendo a la perfección tu artículo, yo también sufrí acoso escolar. Al principio agachaba la cabeza pero las burlas y los insultos fueron incrementando y terminaron acompañados de violencia física.
    Las monjas del Colegio no ponían de su parte para solucionarlo, aunque estaban totalmente al tanto de la cuestión, por lo que terminé defendiéndome, comencé a devolver los golpes (y con intereses).
    Me siento totalmente identificada con tu hijo cuando dice “aquí pasé los peores años de mi vida, es como volver al infierno” y a la vez contigo, pues veía a mi madre llorar cuando volvía a casa y le contaba las cosas que me habían pasado…
    Actualmente estoy en la Universidad, soy muy feliz y aquellos niños que me atacaban por “empollona” quedaron atrás, me hice más dura y me prometí que jamás dejaría que un rebaño de ignorantes me quitasen las ganas de sonreír.
    Excelente artículo y ¡Fuerza!

    26 noviembre, 2015 at 10:39 pm - Reply
  5. Carmen

    Como profesional (jubilada) de EDUCACION, no puedo más que agradecer tu artículo.

    UNO DE MIS PRINCIPALES OBJETIVOS, SIEMPRE FUE “NO PERMITIR BURLAS, MENOSPRECIOS, DISCRIMINACIÓN,…” ¡ACEPTACIÓN y RESPETO!

    Me siento satisfecha de los resultados obtenidos en el ejercicio de mi profesión, pero he de agradecer la comprensión y actitud de mis alumnos, la colaboración de los padres… A fin de cuentas, lo que me importaba por encima de todo era FORMAR PERSONAS… Los principales beneficiarios iban a ser mis alumnos, y de rebote la sociedad.

    Nada que añadir, excepto animar a mis compañeros de profesión que se mojen, que no regateen tiempo, que merece la pena.

    Para la “sociedad” que no miren hacia otro lado e intervengan desde el primer momento, denunciando si es necesario.

    Y por último a “los gobernantes” y “jueces” que se tomen el tema en serio y actúen con contundencia… ayudando a los padres que sean incapaces de educar a sus hijos (por ignorancia de no saber qué hacer, o por malos ejemplos familiares).

    P.D.: Con tu permiso lo he compartido en Twitter y en Facebook.

    Gracias por no olvidar que este problema sigue existiendo, y hay que erradicarlo YA.

    Saludos.

    26 noviembre, 2015 at 8:02 pm - Reply
  6. Laenca

    Mi hija, tiene ahora 15 años, y este, es el primer curso que la veo ir a clase feliz.Han sido años muy duros para ella, porque jamás se enfrentó a sus acosadores, jamás levantó su voz, aguantó durante 9 cursos, burlas, insultos, marginamiento, pero,nunca dijo nada.No ha cambiado de instituto, no ha querido, sólo les ha dado desprecio, siempre, (en casa, lágrimas, muchas lágrimas), allí, silencio y desprecio.
    Queda mucho por hacer, muchas cosas que superar,muchos consejos por dar, pero hoy, mi hija, no sólo va bien a clase, también vuelve bien.

    26 noviembre, 2015 at 7:21 pm - Reply
  7. Lucía

    Explicaré algo que desgraciadamente he visto en varias ocasiones: la de la maestra (o maestro) que prefiere unirse a los acosadores por ahorrarse el trabajo de defender al niño acosado. Es muy triste. El niño que sufre acoso claro que cambia su carácter, claro que a veces se muestra agresivo, o que se encierra en sí mismo y no se relaciona, claro que a veces acaba yendo al psicólogo. Pues he visto varios casos de maestras que, en vez de reaccionar yendo al fondo del problema y actuando a nivel de grupo, se unen a los que acosan: “Claro que está mal que lo insulten, pero ¿no veis lo raro que es?¿no veis que es agresivo?”, y aún peor: “pero si éste está hace tiempo en un psicólogo, es él el que trae los problemas a clase”. Hay una inmensa mayoría de maestras que luchan contra el acoso cuando lo detectan. pero aún falta mucha, mucha formación. Y estos casos que digo son recientes y conocidos de primera mano. Uno de ellos acabó con el niño faltando al colegio los dos últimos meses y cambiando de centro el siguiente curso.

    26 noviembre, 2015 at 5:29 pm - Reply
  8. H.

    Soy madre de una joven que sufrió acoso durante toda la educación primaria. Luché mucho, muchísimo. Nadie solucionó nada. Los diferentes agentes implicados hicieron lo mínimo para parecer que hacían algo. Cuando hay elecciones nos toca como colegio electoral aquél en el que mi hija sufrió el acoso. Se le revuelve el alma cuando entra allí. A mí se me revuelven las entrañas cuando la veo sufrir. No he podido evitar llorar cuando he leído el artículo, tantas actitudes reconocidas, tanto dolor reconocido. Tanto por cambiar…

    26 noviembre, 2015 at 3:46 pm - Reply
    • Carmen

      … Entiendo sus palabras y sentimientos, y sinceramente LO SIENTO MUCHO.

      En mis clases y tutorías, JAMÁS PERMITÍ este tipo de actos (burlarse, rediculazar, maltratar, … Ningún niño/a era superior ni inferior a los otros.
      Cierto que siempre tuve mucha relación con los padres/madres, y muchísima colaboración.

      Hay que seguir luchando con firmeza para que este problema se erradique desde YA.

      ¡Fuerza y ánimos!

      26 noviembre, 2015 at 8:12 pm - Reply

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