Y la guillotina cayó

El rey de Francia fue decapitado en 1793 por un pueblo harto de injusticias y de explotaciones. En 2016, Pedro Sánchez ha sido decapitado por los monarcas absolutistas, es decir, ha sucedido al contrario que con Luis XVI.

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Pedro Sánchez fue elegido como Secretario General del PSOE en primarias. Un proceso democrático nunca antes llevado a cabo en dicho partido. Hasta ese momento, los cargos eran elegidos por el propio aparato. Vamos que eran elegidos a dedo, seamos claros.

Se le eligió para que fuera un continuista. Una persona que no se cuestionase el papel que el partido representa en la escena política española desde que se fundase. Querían una marioneta política controlada desde los cómodos sillones de los barones del PSOE y de todas las moscas que revolotean a su alrededor y Pedro además les ofrecía una bonita imagen que quedaba bien en los medios. Pero….Pedro no resultó ser el hombre que ellos esperaban.

No se ha dejado manejar, no ha modificado su postura y ha querido, en una palabra, sacar los pies del plato. En un primer momento, aceptó que le impusieran un pacto imposible con la nueva y joven derecha de Ciudadanos, a sabiendas que con ese pacto fraudulento, hecho con nocturnidad, alevosía y traición, no iban a poder gobernar sin el apoyo de Podemos y éstos no estaban dispuestos a dárselo.

Desataron entonces todo su poder mediático y vendieron en portadas de prensa, sobre todo de El País, firme y fiel aliado de la más rancia vieja guardia socialista, que la culpa de que España siguiera sin gobierno la tenía la formación morada. Que eran unos traidores a la patria, que el acuerdo era la purga Benito y que si no lo hacían era porque eran unos rompeespañas, rojos, bárbaros y sin ningún valor ético.

Los votantes socialistas empezaron a dudar de que toda esa metralla informativa condujese a algo. Muchos de ellos discutían y defendían la postura del partido frente a la de Pablo Iglesias o Alberto Garzón. ¡Son unos rojazos que nos quieren quitar el país!  gritaban a aquellos que estuvieran dispuestos a escucharles. Pero lo cierto es que llegó el momento de votar otra vez y resulto que el PSOE volvió a perder escaños. Sus votantes seguían dándole la espalda. Se iban dejando mucha gente en el camino. Y Pedro lo pensó mejor y dijo NO ES NO. Decidido, negó rotundamente su apoyo en la investidura de Mariano Rajoy. Se negó a escuchar a Albert Rivera y su constante cuñadismo diciéndole que lo mejor para este país era la abstención. Pero Pedro dijo NO ES NO. Continuó con su negativa, empecinado en impedir que el PP volviera a gobernar. Todos y él también sabemos que una abstención es un apoyo gubernamental a la chita callando. ¿Con qué cara hace oposición un partido que ha permitido con sus 85 diputados que gobierne otro? Pues ninguna, no hay nada que hacer. El PP se habría reído en su cara cuando ante cualquier actividad política el PSOE le hubiera pedido explicaciones. ¿Qué derechos podría exigir? ¿Qué actitud sería la correcta? Pedro no estaba dispuesto a eso y reiteró su renuncia a apoyar al Partido Popular.

Todos comenzamos a hacer cábalas, que si un tamayazo de unos cuantos sería posible, que si al final se raja y se abstiene, etc.  Predicciones totalmente innecesarias. En las cocinas del PSOE andaluz, con unos ingredientes extremeños y otros castellanomanchegos, se inició la que sería la última cena de un díscolo. Abrieron unas botellitas de vino añejo y soltaron a los perros.

Felipe González, Alfonso Guerra, Corcuera, Fernández Vara, García Page, Rodriguez Ibarra y su puta madre en camisón, hicieron los preliminares. Se pegaban entre ellos para salir en la tele, en la radio, que los entrevistasen en 13TV, en La Sexta o dónde Cebrián dijera. En su casa si hacía falta, que para eso tenía él a Pepa Bueno en la Ser que siempre está dispuesta a escuchar a los que antaño fueran próceres de la patria. Soltaron la lengua y prepararon el camino que debían terminar de recorrer la federación andaluza con la manejanta que vive y gobierna desde la cálida Sevilla, a la cabeza.

guillotinaSalvadora de la patria, de los valores y del PSOE, Susana se resistía con la boca pequeña a dar su brazo a torcer y defendía que su sitio estaba en Sevilla, jodiendo la vida de los andaluces. Simple y llanamente porque no era todavía el momento. Aún le quedaban muchas llamadas que hacer y cuando terminó, 17 de sus más íntimos acólitos presentaron su dimisión para partir el partido en dos.

Cuando la noche del 1 de octubre la cabeza de Pedro Sánchez cayó al suelo resonó en el corazón de sus cinco millones de votantes, el crujido de algo que se parte en dos. Los barones y Susana, los medios y el Grupo Prisa, la mentira y el escarnio se hicieron notorios. El PSOE había decidido. El PP debía gobernar porque eran ellos y solo ellos los que tendrían la llave de salvar a Chaves y a Griñan, los que no les quitarían derechos ni privilegios, los que no iban a impedir que las puertas siguieran girando. Porque en definitiva, ellos llevaban a cabo las políticas que el PSOE quería para sí, que no para sus militantes, simpatizantes o votantes.

En Génova 13 comenzó la fiesta. La gestora que el PSOE iba a crear para ellos era el alivio definitivo. Ahora solo tenían que preparar una investidura ya que tenían el gobierno en la mano. Puñaladas siempre suele haber, sobre todo para posicionarse cerca del gran orador Rajoy, y conseguir un buen ministerio o un carguito que les asegurase la tranquilidad de saber que el resto de su vida estaba resuelta. Coño, si lo tenían los del PSOE ellos no iban a ser menos.

Pedro se va. Y con él la dignidad de un partido que ha gobernado veinte años. Se lleva la poquita decencia que les debía quedar. Demostrando que no son socialistas. Que le tienen miedo a la izquierda. Dejando que UP sean la verdadera oposición como sabíamos todos desde el principio.

No voy a convertir a Pedro Sánchez en un mártir. Esa tarea se la dejo a la militancia socialista o quienes ellos estimen oportuno. Básicamente porque no fui de las que le eligieron o le votaron. Él sabía dónde se metía, no era nuevo en esto y conocía perfectamente a su partido. Tampoco voy a pedir a sus votantes que dejen de meter en las urnas, papeletas del PSOE. Allá ellos con sus conciencias. Si quieres seguir tragándose la bazofia que aparece en televisión y aceptar que no les queda otra que soportarlo, no seré yo la que les diga que deberían pensar un poquito, abrir el ojo de la crítica, que le tienen cerrado de forma natural y ver por fin una realidad palpable.

Pero nadie en su sano juicio podrá negar que lo que hemos contemplado estos días ha sido uno de los más bochornosos espectáculos políticos de los últimos tiempos. Un golpe de estado que no ha necesitado de tiros, de tricornios o de tanques en las calles. Le ha bastado con un periódico, una cadena de televisión y montón de abuelos diciendo lo que ellos entienden por verdad verdadera, que no es otra que dejar claro son tan de derechas como el PP, pero que disimulan mejor.

Si quedaba alguna sospecha esparcida por ahí, se acabaron las dudas. El PSOE no es, no ha sido y no será nunca, un partido de izquierdas. El que le siga votando que asuma, que tampoco lo es.

belentejuelas

Me gusta ser diferente. Feminista, atea, de izquierdas. Baloncesto. Autora de "El Espejo"
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